Hay días que son ciertamente extraños,
en los que el tiempo parece ajeno y la vida demasiado constante. La
libertad del tiempo es extraña en si misma, la sucesión de las
cosas se detiene de vez en cuando y el periodo que se estanca es
difícil recuperarlo.
Ahora el tiempo se ha estancado para
mi, será la pereza de luchar y luchar constantemente, de sobrevivir
una y otra vez, será la envidia de comprobar que la suerte es
caprichosa, que no hay un plan que seguir para que esté de tu parte.
Creía que estaba de mi parte ultimamente, supongo que me equivocaba,
supongo que debería haber sido más inteligente y haberme percatado
de que si nunca la tuve de cara, ahora no iba a ser distinto.
Me harté de luchar por ella, me harté
de esperar peleando por un atisbo de fortuna, de ver como se la
llevaban otros y ser consciente de que nunca será mía. No sonríe
en esta dirección y siendo francos, no lo hará jamás. Tendré que
estar siempre alerta, siempre en el filo del abismo, siempre
aferrándome con fuerza para no caer. Pero es que estoy cansada,
cansada de demostrar que valgo, que sirvo que funciono, que puedo
seguir trabajando en la cadena de producción, que tengo manos. Estoy
agotada y no puedo descansar, se que no debo, pero estoy muy cansada,
y ya no puedo más. La suerte es de los fuertes, pero me doy cuenta
de que después de haber sido fuerte tanto tiempo, no está de mi
lado, no ha servido de nada.
No se que es lo que ha fallado, que
hice mal durante estos años, en que fallé para que nada me
acompañe. No lo sé, tal vez nunca lo sepa y me doy cuenta de que
voy a descubrirlo. Supongo que, como los tontos, seguiré esperando,
pero me niego a luchar de nuevo.
Ahora es un asunto de la suerte, yo ya
no tengo fé, hará falta un gran milagro para que la recupere, pero
ni siquiera me detendré a esperarlo.
Si la suerte es de los fuertes, de los
débiles es la esperanza y de los mediocres como yo, nada.