Ya no hay mucho que temer, las cartas están boca arriba mientras el cigarro se muere sin querer.
No hay nada que temer porque en realidad, volvemos a filosofar por tiempos parciales y no existe nada al margen de mí, porque al margen el resto es mentira; sus palabras se entremezclan con las tuyas, los hechos cambian de una boca a otra, todos somos más heroicos de lo que podemos aparentar, todos somos más venenosos y hay que tener en cuenta que ni tan si quiera ahora me puedes engañar, porque somos veneno y antídoto al mismo tiempo, venda y ojos.
Ya no hay razón para confiar ni tiempo para perder confianza, si todo sale mal aun más al margen de mí, mucho más al margen de ti, necesitaré buenos recuerdos. Esta no era la manera.
Pero por fin me doy cuenta de que pase lo que pase, hay manera posible, se trata de radicalizar el pensamiento y a parte de que me mientas, de mentirme.
No hay nada que temer, ¿sabes por qué? Porque ya me tiré por el precipicio, ya nos condenaron a muerte y yo siempre fui como el paciente rabino. No hay marcha atrás, el punto de no retorno quedó demasiado lejos, volábamos tan rápido que ni si quiera lo pude ver al pasar, porque nosotros somos fugaces, y las estrellas fugaces nunca vuelven atrás.
No hay nada que perder, porque no tengo nada que me puedan quitar. Te lo dije, al margen de mi no hay nada y ni si quiera tú eres real. Y no es triste, es tan solo calma porque, hablando a cerca de las realidades, acabo de percatarme de que ya conozco mi realidad. Y mi realidad es que soy solo yo, es que yo si soy real y escapa de mi control la circunstancia, y siempre me lo tomé en serio y lo que tu hagas me da igual, porque yo quiero por los dos, siento por ti y por mi, y te amo y amo por ti, no hace falta que sientas nada, no hace falta ninguna mentira, no quiero ninguna verdad. Las grandes verdades acaban de quedar dichas, y el resto apenas si existe y el resto es una mentira, y el resto siempre me dará igual.
viernes, 25 de febrero de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
La echarás de menos
Parece mentira que sea yo quien te lo diga, parece mentira que sea yo quien se percate; por lo menos justo a tiempo y no se que es lo que será, tal vez compasión, tal vez sentido común o simplemente claridad de pensamiento, pero lo veo, y prefiero que lo vea también el resto, y prefiero que sea así, que es mejor en realidad, sufriremos menos. verlo sin ver, saber sin concoer... Tal vez no sea nada o tal vez todo que simplemente es lo mismo que al principio, se termina el cuento, y recomienza el tuyo. Sólo era una discusión más entre cientos, la demicuarta vez y no la última.
Supongo que lo siento
Supongo que lo siento
Sabes esos días
cuando todo es tan oscuro
que no puedes pensar
y sientes que ha acabado,
que el camino equivocado ya llegó a su final.
Dile que el silencio que hay entre vosotros
pronto quedará en un despertar.
Dile que esa imagen que hay en tu cabeza
será la que te haga madrugar.
Para a respirar y piénsalo mejor...
Piensa que si un día ella no está
echarás de menos hasta
su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Deja ese momento en el cajón de los recuerdos
y recuerda su olor.
Y piensa en esas cosas que la hacian maravillosa
y que están en tu interior.
Piensa que si un día ella no está
echarás de menos hasta
su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz
cuando todo es tan oscuro
que no puedes pensar
y sientes que ha acabado,
que el camino equivocado ya llegó a su final.
Dile que el silencio que hay entre vosotros
pronto quedará en un despertar.
Dile que esa imagen que hay en tu cabeza
será la que te haga madrugar.
Para a respirar y piénsalo mejor...
Piensa que si un día ella no está
echarás de menos hasta
su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Deja ese momento en el cajón de los recuerdos
y recuerda su olor.
Y piensa en esas cosas que la hacian maravillosa
y que están en tu interior.
Piensa que si un día ella no está
echarás de menos hasta
su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz
martes, 22 de febrero de 2011
El cuento del miedo
A veces soñaba –soñaba entonces- con tener una vida absolutamente diferente, cambiarlo todo por completo empezando por haber plantado cara a su profesor con cinco años para defender sus bonitas “eles” de niña pequeña y terminando por sabe Dios que.
Sin embargo, eso ocurría muy, muy pocas veces. Curiosamente, lo que más solía soñar era con no tener miedo, porque estaba segura de que le podrían ocurrir cosas extraordinarias si dejara por un instante de tenerlo.
Pero era imposible porque, aunque se jactaba de tener valor para determinadas cosas, lo cierto es que vivía aterrorizada la mayor parte del tiempo.
De no estar tan asustada –pensaba- podría haberse largado hacía ya bastante y no temer tanto saber que, de largarse, perdería lo más similar a una familia que había conocido jamás, no podría volver nunca y si todo salía mal se quedaría mucho más sola, más desamparada y más triste que al principio.
Si fuera valiente, o aun mejor, osada; no necesitaría a nadie a su alrededor y dejaría de dolerle tanto saber que no había una mullida red de seguridad sobre la que caer al tropezar, que no había nadie a las doce ni tampoco nadie a las seis. Podría confiar en la gente, porque lo que más temía de la confianza era perderla, y sin ese temor sería capaz de cualquier cosa; pero su frágil corazón no habría podido soportar confiar en alguien para después perderlo, demasiado insoportable y terrible.
Tampoco se permitía, debido a ese miedo lacerante, soñar con el futuro que en realidad quería y mucho menos soñar con incluir en él a la gente a la que quería, porque temía soñar y soñar para no cumplir nada, temía incluso pensar en ellos y perderlos después. Temía. Temía. Temía… Nunca dejaba de temer.
Le entristecía percatarse de que había aprendido a convivir con el miedo, de que era él su único apoyo, era su familia, su confidente, su gran amigo, hablaba tanto con él por las noches que no podía dormir y detestaba compartirlo. El miedo era todo lo que le había dado la vida tras casi veinte años, todo cuanto tenía, y aunque siempre soñaba con perderlo de vista en realidad no estaba tan mal, después de todo, le había enseñado a ser precavida y le había ahorrado grandes golpes.
Sabía que aun quedaban algunos años para que se hiciera tan, tan grande que ya no le cabría dentro, y mientras esperaba por ello se dedicaba a soñar con perderlo y, ¿cómo no? A seguir teniendo miedo.
Sin embargo, eso ocurría muy, muy pocas veces. Curiosamente, lo que más solía soñar era con no tener miedo, porque estaba segura de que le podrían ocurrir cosas extraordinarias si dejara por un instante de tenerlo.
Pero era imposible porque, aunque se jactaba de tener valor para determinadas cosas, lo cierto es que vivía aterrorizada la mayor parte del tiempo.
De no estar tan asustada –pensaba- podría haberse largado hacía ya bastante y no temer tanto saber que, de largarse, perdería lo más similar a una familia que había conocido jamás, no podría volver nunca y si todo salía mal se quedaría mucho más sola, más desamparada y más triste que al principio.
Si fuera valiente, o aun mejor, osada; no necesitaría a nadie a su alrededor y dejaría de dolerle tanto saber que no había una mullida red de seguridad sobre la que caer al tropezar, que no había nadie a las doce ni tampoco nadie a las seis. Podría confiar en la gente, porque lo que más temía de la confianza era perderla, y sin ese temor sería capaz de cualquier cosa; pero su frágil corazón no habría podido soportar confiar en alguien para después perderlo, demasiado insoportable y terrible.
Tampoco se permitía, debido a ese miedo lacerante, soñar con el futuro que en realidad quería y mucho menos soñar con incluir en él a la gente a la que quería, porque temía soñar y soñar para no cumplir nada, temía incluso pensar en ellos y perderlos después. Temía. Temía. Temía… Nunca dejaba de temer.
Le entristecía percatarse de que había aprendido a convivir con el miedo, de que era él su único apoyo, era su familia, su confidente, su gran amigo, hablaba tanto con él por las noches que no podía dormir y detestaba compartirlo. El miedo era todo lo que le había dado la vida tras casi veinte años, todo cuanto tenía, y aunque siempre soñaba con perderlo de vista en realidad no estaba tan mal, después de todo, le había enseñado a ser precavida y le había ahorrado grandes golpes.
Sabía que aun quedaban algunos años para que se hiciera tan, tan grande que ya no le cabría dentro, y mientras esperaba por ello se dedicaba a soñar con perderlo y, ¿cómo no? A seguir teniendo miedo.
viernes, 18 de febrero de 2011
Los únicos consejos que te puedo dar son estos: no te tomes nada en serio, ve un paso por delante, el fin justifica lo medios, nunca tengas miedo, calcula siempre tus probabilidades y antes de dejarte engañar estate dispuesto a engañar tú, jamás confies en nadie y muchísimo menos en mi.
Los viejos tiempos no estuvieron mal, ahora hay que mirar hacie delante, ten fuerza y recuerda que estamos solos en esto, cada uno por su lado, no estoy aquí para ayudarte.
Tú y yo en un coche en pleno invierno
Tú y yo empapados en un portal
Tú y yo pasando por un mal momento
Disimulando a ver quien puede más
Tú y yo de marcha somos un trueno
Tú y yo en la cama un volcán
Tú y yo hacemos lo que queremos
Y no queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
Tú y yo cansados de tanto tiempo
Tú y yo salidos en un bar
Tú y yo mintiendo cada momento
Partiéndonos el culo del azar
Tú y yo saltando en algún concierto
Tú y yo abortando en un hospital
Tú y yo tan solos en este desierto
Y no queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
No hay mundo perfecto
Que nos consiga conquistar
La mierda, lo cierto,
Es que nos une un poco más
No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
Como los demás
Como los demás
Los viejos tiempos no estuvieron mal, ahora hay que mirar hacie delante, ten fuerza y recuerda que estamos solos en esto, cada uno por su lado, no estoy aquí para ayudarte.
Tú y yo en un coche en pleno invierno
Tú y yo empapados en un portal
Tú y yo pasando por un mal momento
Disimulando a ver quien puede más
Tú y yo de marcha somos un trueno
Tú y yo en la cama un volcán
Tú y yo hacemos lo que queremos
Y no queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
Tú y yo cansados de tanto tiempo
Tú y yo salidos en un bar
Tú y yo mintiendo cada momento
Partiéndonos el culo del azar
Tú y yo saltando en algún concierto
Tú y yo abortando en un hospital
Tú y yo tan solos en este desierto
Y no queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
No hay mundo perfecto
Que nos consiga conquistar
La mierda, lo cierto,
Es que nos une un poco más
No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
Como los demás
Como los demás
jueves, 17 de febrero de 2011
Odio
Es curioso, como se puede llegar a odiar a alguien sin tan si quiera conocerlo; de pronto ocupa tus pensamientos, alarga tus días, devora tus sueños, puebla tus pesadillas, arrastra tu vida.
Es curioso, como el odio lo llena todo, te absorbe por completo, no deja nada, es un veneno.
Es extraño ver siempre su rostro tras el tuyo en el espejo. Y siempre es ella algo más alta, algo más bella, algo más fuerte, más delgada, más brillante, resplandece, siempre coherente, ingeniosa y lista, inteligente, algo más, algo mejor mientras tú nunca eres suficiente. Sonríe, con esa sonrisa deslumbrante.
Jamás te querrá como a mí, jamás le conocerás como yo, él siempre me está esperando, tú eres nuestro peón.
Y ríe mientras se desvanece, con esa risa de cascabel.
Tú nunca serás bastante.
Es muy curioso, sólo porque exista se termina la esperanza, sólo porque exista… sólo existe el rencor, y las ganas de hacer daño, que duela, que les duela casi tanto…
¿Dónde queda el amor? El amor queda con ellos a buen recaudo donde siempre debió estar, a ti te dejan el dolor, la envidia, el odio… como siempre, lo peor.
Algún día también les dolerá
Intentas creer mientras sangran las heridas, siempre sangran sin cesar y sin embargo sabes que es mentira tanto a ellos como al resto lo que puedas sentir siempre les dio igual.
Es curioso, como el odio lo llena todo, te absorbe por completo, no deja nada, es un veneno.
Es extraño ver siempre su rostro tras el tuyo en el espejo. Y siempre es ella algo más alta, algo más bella, algo más fuerte, más delgada, más brillante, resplandece, siempre coherente, ingeniosa y lista, inteligente, algo más, algo mejor mientras tú nunca eres suficiente. Sonríe, con esa sonrisa deslumbrante.
Jamás te querrá como a mí, jamás le conocerás como yo, él siempre me está esperando, tú eres nuestro peón.
Y ríe mientras se desvanece, con esa risa de cascabel.
Tú nunca serás bastante.
Es muy curioso, sólo porque exista se termina la esperanza, sólo porque exista… sólo existe el rencor, y las ganas de hacer daño, que duela, que les duela casi tanto…
¿Dónde queda el amor? El amor queda con ellos a buen recaudo donde siempre debió estar, a ti te dejan el dolor, la envidia, el odio… como siempre, lo peor.
Algún día también les dolerá
Intentas creer mientras sangran las heridas, siempre sangran sin cesar y sin embargo sabes que es mentira tanto a ellos como al resto lo que puedas sentir siempre les dio igual.
martes, 15 de febrero de 2011
El pájaro no vuela, tiene las alas rotas
Media Verónica despierta
le molestó la luna
por la ventana abierta.
Llegó una carta desde el frente
el cántaro se rompe
y se secó la fuente.
Va a decidir qué hacer cuando despierte del todo
y borrar con la mano lo que ayer
escribió con el codo.
Habrá que ver
si la crónica Verónica reacciona;
La Verónica mitad
tiene muy poca maldad
pero está cansada de esperar.
Media Verónica está rota,
no tiene muchos años
pero le hicieron daño
rompió una lanza por la risa
pero no tiene prisa
y se ríe muy poco.
No va a saber qué hacer
cuando no sople más viento
no sabe distinguir el amor
de cualquier sentimiento.
Quiere vivir
una vida diferente cada día.
La Verónica mitad
está en la flor de la edad
pero está cansada de esperar.
En la ventana hay una nota:
le molestó la luna
por la ventana abierta.
Llegó una carta desde el frente
el cántaro se rompe
y se secó la fuente.
Va a decidir qué hacer cuando despierte del todo
y borrar con la mano lo que ayer
escribió con el codo.
Habrá que ver
si la crónica Verónica reacciona;
La Verónica mitad
tiene muy poca maldad
pero está cansada de esperar.
Media Verónica está rota,
no tiene muchos años
pero le hicieron daño
rompió una lanza por la risa
pero no tiene prisa
y se ríe muy poco.
No va a saber qué hacer
cuando no sople más viento
no sabe distinguir el amor
de cualquier sentimiento.
Quiere vivir
una vida diferente cada día.
La Verónica mitad
está en la flor de la edad
pero está cansada de esperar.
En la ventana hay una nota:
"el pájaro no vuela
tiene las alas rotas."
Media Verónica lamenta
que el tiempo se consume
y lo demás no cuenta.
"La vida es una cárcel con las puertas abiertas"
Verónica escribió en la pared con la tripa revuelta.
Nada que ver;
no habrá flores en la tumba del pasado.
La Verónica mitad
dice siempre la verdad
pero está cansada de esperar.
tiene las alas rotas."
Media Verónica lamenta
que el tiempo se consume
y lo demás no cuenta.
"La vida es una cárcel con las puertas abiertas"
Verónica escribió en la pared con la tripa revuelta.
Nada que ver;
no habrá flores en la tumba del pasado.
La Verónica mitad
dice siempre la verdad
pero está cansada de esperar.
Media Verónica, Andrés Calamaro
martes, 1 de febrero de 2011
Territorio hostil
Al menos le quedaba escribir, era un extraño consuelo para una persona extraña. Pero era suficiente. Tan sólo con el papel en blanco, con la Olivetti del 98, bastaba para seguir, bastaba para soportar.
Las personas mienten, engañan, tergiversan, maldicen… la vida se hundía, pero volvía a reconstruirse con rapidez tan solo con teclearlo. Y todo parecía mejor cuando sonaba la música armoniosa de las teclas, y cuando sus dedos golpeaban el metal era como si se diera leves golpecitos al corazón, para ayudarlo a seguir latiendo o quizás en la garganta para empujar ese nudo que la iba bloqueando más y más.
Mientras quedara papel, quedarían historias que escribir, mientras quedaran historias que escribir, quedaría esperanza.
Sinceramente, todo se estaba yendo a la mierda, y aunque solía considerarse una persona reservada, solitaria y bastante independiente; jamás había sentido una soledad como la de entonces, una soledad tan vacía y tan oscura, realmente ya no quedaba nadie, esta vez si que no quedaba nadie. ¿Familia? Mismamente era su familia la que había empezado con aquello, ellos habían sido los primeros en largarse, ¿Amigos? No, se intentaba aferrar a ellos especialmente pero no podía dejar de darse cuenta, no sin cierta tristeza, de que existían tan sólo en las historias de fin de semana, de que eran lo que siempre había querido ser, gente con un suelo sólido bajo sus pies, gente que anda segura por el mundo.
Tenía la impresión de que era como un marinero prejubilado, que camina por la tierra añorando el mar, su tranquilidad, su seguridad, su franqueza y para el que la tierra firme es territorio hostil. Todo lo que le rodeaba era un territorio hostil al que tendría que enfrentarse durante el resto de su vida pero al menos, le quedaría escribir.
Las personas mienten, engañan, tergiversan, maldicen… la vida se hundía, pero volvía a reconstruirse con rapidez tan solo con teclearlo. Y todo parecía mejor cuando sonaba la música armoniosa de las teclas, y cuando sus dedos golpeaban el metal era como si se diera leves golpecitos al corazón, para ayudarlo a seguir latiendo o quizás en la garganta para empujar ese nudo que la iba bloqueando más y más.
Mientras quedara papel, quedarían historias que escribir, mientras quedaran historias que escribir, quedaría esperanza.
Sinceramente, todo se estaba yendo a la mierda, y aunque solía considerarse una persona reservada, solitaria y bastante independiente; jamás había sentido una soledad como la de entonces, una soledad tan vacía y tan oscura, realmente ya no quedaba nadie, esta vez si que no quedaba nadie. ¿Familia? Mismamente era su familia la que había empezado con aquello, ellos habían sido los primeros en largarse, ¿Amigos? No, se intentaba aferrar a ellos especialmente pero no podía dejar de darse cuenta, no sin cierta tristeza, de que existían tan sólo en las historias de fin de semana, de que eran lo que siempre había querido ser, gente con un suelo sólido bajo sus pies, gente que anda segura por el mundo.
Tenía la impresión de que era como un marinero prejubilado, que camina por la tierra añorando el mar, su tranquilidad, su seguridad, su franqueza y para el que la tierra firme es territorio hostil. Todo lo que le rodeaba era un territorio hostil al que tendría que enfrentarse durante el resto de su vida pero al menos, le quedaría escribir.
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