El día que decidas decidirte.
El día que me mires y tengas claro al menos un pensamiento en tu cabeza y un sentimiento, como una nebulosa, en tu corazón.
El día que comprendas algo que te haga madurar, porque madurar, se madura en un instante, en tan solo un instante en el que parece que el mundo es más claro y simple de lo que siempre habías pensado.
El día que imagines el futuro y me veas a mí, en algún momento, prendida de tu mano. El día que sonrías al pensar en la estúpida posibilidad de que nos crucemos por las calles.
El día que te vea esperando en alguna de las paradas de mi bus, a alguna de las horas a las que yo suelo pasar, y que subas tan solo para estar unos instantes conmigo, aunque sea sin hablar.
El día que mires mi horario de clases, para ver en que momento puedo estar libre.
El día que des un paso al frente que no conlleve dar dos hacia atrás, que preceda a toda una caminata, siempre hacia delante.
El día que me hables, para convertir en pauta diaria lo que siempre fue esporádico. El día que seas sincero, porque me siento estúpida sabiendo la verdad y viendo como intentas esconderla, la mayoría nos arrepentimos de nuestro pasado o nos avergonzamos o pensamos que nadie lo comprenderá; pero seguirá estando ahí, y esta es una ciudad muy pequeña, una comunidad muy pequeña, como para que no haya oído hablar de ti, y de tus correría, como para que no las haya visto…
El día que seas franco y que contestes a mis preguntas.
El día que dejes la ironía atrás y vengas a mí desnudo en el alma, del resto supongo que me encargaré yo.
El día que simplemente dejes de pensar y permitas que las cosas ocurran.
El día que encuentre una estúpida llamada perdida tuya en mi teléfono móvil, como una especie de pistoletazo de salida para que empiece algo indefinido que nos acerque irremediablemente.
El día que intentes llamar mi atención de un modo tan claro que no pueda eludirte. El día que tengas el valor para decir lo que sientes, si es que sientes algo o simplemente para expresarte y hacerme saber que ocurre.
El día que me digas algo que jamás me han dicho, que abandones las frases tan manidas y desprovistas de sentido y digas algo que realmente salga de lo más profundo y desconocido de ti.
El día que me permitas conocerte.
El día que dejes de tener tanto miedo.
El día que pongas punto y final a todo, que me llames y que hablemos siendo tan solo nosotros.
El día, que decidas que quieres estar solo y que me preguntes si me apetece estar “sola” contigo.
El día que vuelvas, esta vez para quedarte.
El día que podamos hablar sin máscaras.
El día que intentes que no dude de ti, comprendiendo todas mis dudas. El día que quieras conocerme.
El día en el que, en algún momento, te imagines como serían nuestras fotos, que cara estaríamos poniendo, que tipo de luz, que contraste, que título, que lugar.
El día que se te ocurran doce canciones que solo yo entendería para dedicarme.
El día que escribas frases que nadie más comprenda.
El día que no queramos ser como los demás.
El día que tu seas un chico tonto y yo una niña mala.
El día que al salir pienses en mí antes de hacer alguna estupidez.
El día que no persigas otras opciones si es que no me consigues.
El día que te guste mi sonrisa.
El día que simplemente seamos un par de personas que caminan en la misma frecuencia. El día que tengas ganas de que alguien nos mire y sienta envidia.
El día que tengas ganas de aprovechar hasta el último resquicio de sol conmigo.
El día que no me relegues al viernes y al sábado a partir de las nueve.
El día que quieras comprender y que te esfuerces por hacerlo.
El día que no aparques lo que podría suceder por no ser un buen momento, que comprendas que los momentos son buenos en la medida en que tu los hagas maravillosos, que depende de ti.
El día que te la juegues y te arriesgues a perder.
El día que te des cuenta de la estupidez que es estar siempre pensando en lo que podría haber pasado y no pasó en lugar de ponerle remedio.
El día que reacciones por completo, abras los ojos y la boca y seas completamente consciente de ser tú y de lo que quieres, sea o no sea yo.
El día que dejes la timidez a un lado porque no lleva a ningún sitio y te impide llegar a muchos lugares salvajes, inexplorados y deslumbrantes.
Ese día, será un gran día.
lunes, 31 de mayo de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Mi amor
Mi amor se cae al suelo y no se queja demasiado,
"podría ser peor", me digo, y sigo caminando.
Mi amor jugaba a ser mayor mucho antes de llegar
y expresa en una mueca que estoy harta de esperar.
"Pero no importa, estaré bien si tú te quedas a mi lado",
y disimulo recogiendo mi amor propio destrozado.Mi amor dejó el colegio porque dijo que era caro,
"nada he aprendido y ya me estaban fastidiando.
Empezaré cualquier empresa y cuidaré de que estés bien,
tú quédate conmigo sólo tienes que aprender"
jueves, 13 de mayo de 2010
Se acabó.
—Lo sabía.
—Eso es porque era completamente predecible, ¿Qué razones podría tener para dejarlo?
—Tal vez que lo prometiste.
—Promesas, no soy capaz de verlo como una obligación, como algo real que me haga sentirme culpable si dejo de cumplirlo, no eran promesas eran… no lo se, eran tan solo palabras, no tenía motivos reales para dejarlo, y ahora lo que si tengo son motivos reales continuar.
—Me entristece.
—¡Oh, por favor! ¡Deja de mentirme! Lo hace todo el mundo pero, ¿tú? Tú no tienes que quedar bien, ni que fingir que te importo, tu estás aquí quieras o no, no puedes irte a ninguna otra parte, no puedes dejar de hablarme ni sentirte mal por ello, así que no me mientas, no ganas nada y yo pierdo más si cabe.
La observó, realmente entristecido, pero sin atreverse a decir nada más al respecto. Al final iba a ser cierto, al final iba a guardar todo cuanto era en un tibio y espeso frasco de formol porque, al final, era cierto que todo cuanto ella había sido acababa de morir. Y a pesar de todo, podía ver la angustia haciéndole un nudo en la garganta, como un residuo del vaciado emocional que acababa de hacer, podía ver las lágrimas y ese dolor pegajoso y húmedo. Aún podía verla tal cual era, tras ese ceño fruncido, como si se concentrarse en esconder lo que no había sido capaz de sacar, que era poco. Ella confiaba en que con el tiempo fuera desapareciendo absolutamente todo, todo el cariño que pudiese quedar, toda ilusión, todo aquello que había regalado sin reservas una vez, un regalo precioso que tiempo después habría encontrado tirado en alguna esquina, pervertido y roto, recubierto de alcohol y solo…
La entendía, en el fondo la entendía, le habían hecho daño. Siempre le salía mal todo cuanto se proponía, todo en cuanto ponía un mínimo atisbo de ilusión, porque su vida no era nada de lo que había esperado, como todo.
Tanta decepción, ya no era capaz de aguantar tanta decepción. Ya no era capaz de creer en nada, aun más, ya no era capaz de creer en nadie.
—Mira, no puedo decirte por que hago lo que hago, pero lo hago y seguiré haciéndolo y se acabó, voy a dejar de darlo todo, no voy a dar nada, porque ya no quiero tener nada que dar, ahora quiero que me den regalos a mi y no lo van a hacer, y lo sabes, sea como sea, acabé rodeándome de gente demasiado acostumbrada a recibir como para regalar algo a cambio, se entienden entre ellos y te aseguro que intento entenderles, pero tal vez sea demasiado frágil , tan frágil que me rompí. Y prefiero dejar el mundo así, no voy a esforzarme por recomponer los pedazos, porque si ya estoy rota ya no tendrán nada que romper.
—Te seguirá doliendo igual, ¿lo sabes? No puedes cambiar lo que eres.
—Quizá deje de doler algún día, pero voy a cambiar de todas formas, voy a ser tan solo ironía, fría y dura ironía, como la vida ha sido conmigo, voy a falsear la realidad como todo el mundo hizo conmigo y voy darles ese cariño de dos días que ellos pusieron a la altura de mi amor incondicional como si fueran iguales; voy a dejar de ser real y si quieren que vuelva, será tarde. Les di todo y ahora no me queda nada, no es justo, pero tampoco puedo cambiarlo. Que piensen lo que les de la gana, yo también lo voy a hacer, pero pensaré el doble, por una parte la verdad, por otra lo que diré si me preguntan. He terminado con todo, no si se arrepentirán, realmente lo dudo, pero soy humana, y tengo la esperanza egoísta de dolerles una mínima parte de lo que me duele a mi el mundo en este instante.
—Eso es porque era completamente predecible, ¿Qué razones podría tener para dejarlo?
—Tal vez que lo prometiste.
—Promesas, no soy capaz de verlo como una obligación, como algo real que me haga sentirme culpable si dejo de cumplirlo, no eran promesas eran… no lo se, eran tan solo palabras, no tenía motivos reales para dejarlo, y ahora lo que si tengo son motivos reales continuar.
—Me entristece.
—¡Oh, por favor! ¡Deja de mentirme! Lo hace todo el mundo pero, ¿tú? Tú no tienes que quedar bien, ni que fingir que te importo, tu estás aquí quieras o no, no puedes irte a ninguna otra parte, no puedes dejar de hablarme ni sentirte mal por ello, así que no me mientas, no ganas nada y yo pierdo más si cabe.
La observó, realmente entristecido, pero sin atreverse a decir nada más al respecto. Al final iba a ser cierto, al final iba a guardar todo cuanto era en un tibio y espeso frasco de formol porque, al final, era cierto que todo cuanto ella había sido acababa de morir. Y a pesar de todo, podía ver la angustia haciéndole un nudo en la garganta, como un residuo del vaciado emocional que acababa de hacer, podía ver las lágrimas y ese dolor pegajoso y húmedo. Aún podía verla tal cual era, tras ese ceño fruncido, como si se concentrarse en esconder lo que no había sido capaz de sacar, que era poco. Ella confiaba en que con el tiempo fuera desapareciendo absolutamente todo, todo el cariño que pudiese quedar, toda ilusión, todo aquello que había regalado sin reservas una vez, un regalo precioso que tiempo después habría encontrado tirado en alguna esquina, pervertido y roto, recubierto de alcohol y solo…
La entendía, en el fondo la entendía, le habían hecho daño. Siempre le salía mal todo cuanto se proponía, todo en cuanto ponía un mínimo atisbo de ilusión, porque su vida no era nada de lo que había esperado, como todo.
Tanta decepción, ya no era capaz de aguantar tanta decepción. Ya no era capaz de creer en nada, aun más, ya no era capaz de creer en nadie.
—Mira, no puedo decirte por que hago lo que hago, pero lo hago y seguiré haciéndolo y se acabó, voy a dejar de darlo todo, no voy a dar nada, porque ya no quiero tener nada que dar, ahora quiero que me den regalos a mi y no lo van a hacer, y lo sabes, sea como sea, acabé rodeándome de gente demasiado acostumbrada a recibir como para regalar algo a cambio, se entienden entre ellos y te aseguro que intento entenderles, pero tal vez sea demasiado frágil , tan frágil que me rompí. Y prefiero dejar el mundo así, no voy a esforzarme por recomponer los pedazos, porque si ya estoy rota ya no tendrán nada que romper.
—Te seguirá doliendo igual, ¿lo sabes? No puedes cambiar lo que eres.
—Quizá deje de doler algún día, pero voy a cambiar de todas formas, voy a ser tan solo ironía, fría y dura ironía, como la vida ha sido conmigo, voy a falsear la realidad como todo el mundo hizo conmigo y voy darles ese cariño de dos días que ellos pusieron a la altura de mi amor incondicional como si fueran iguales; voy a dejar de ser real y si quieren que vuelva, será tarde. Les di todo y ahora no me queda nada, no es justo, pero tampoco puedo cambiarlo. Que piensen lo que les de la gana, yo también lo voy a hacer, pero pensaré el doble, por una parte la verdad, por otra lo que diré si me preguntan. He terminado con todo, no si se arrepentirán, realmente lo dudo, pero soy humana, y tengo la esperanza egoísta de dolerles una mínima parte de lo que me duele a mi el mundo en este instante.
jueves, 6 de mayo de 2010
Hasta que encuentren un recambio
El cielo no me dio la magia en los pies.
Las ordenes precisas, cubrir los huecos, bajar a defender.
En el centro del campo, recuperando balones
soltándoselo rápido a la que se lleva la gloria de los goles.
Y tantos años, tantas botas,
tantos tacos, tanto esfuerzo
y no ganar ningún trofeo ni jugar un mundial.
Tanto barro, tantas rodillas,
tanto domingo, tantas dobles amarillas
para no llegar nunca a la final.
Y pasar la vida en el centro del campo
hasta que encuentren en la cantera un recambio.
Pasar la vida en el centro del campo.
La experiencia es un grado bajo cero
el destino jugando siempre al fuera de juego
y en el marcador un aburrido empate a cero.
Nadie se compró la camiseta con mi nombre.
Haciendo el trabajo sucio: o pasa el balón o sólo pasa EL hombre.
En el centro del campo, trabajando con los pulmones,
no fui el fichaje estrella ni la hinchada... me dedicó canciones.
Y tantos años, tantas botas,
tantos tacos, tanto esfuerzo
y no ganar ningún trofeo ni jugar un mundial.
Tanto barro, tantas rodillas,
tanto domingo, tantas dobles amarillas
para no llegar nunca a la final.
Y pasar la vida en el centro del campo
hasta que encuentren en la cantera un recambio.
Pasar la vida en el centro del campo.
La experiencia es un grado bajo cero.
El destino el cabrón jugando siempre al fuera de juego
y en el marcador un aburrido empate a cero.
Empate a cero(modificada), Pablo Moro
Las ordenes precisas, cubrir los huecos, bajar a defender.
En el centro del campo, recuperando balones
soltándoselo rápido a la que se lleva la gloria de los goles.
Y tantos años, tantas botas,
tantos tacos, tanto esfuerzo
y no ganar ningún trofeo ni jugar un mundial.
Tanto barro, tantas rodillas,
tanto domingo, tantas dobles amarillas
para no llegar nunca a la final.
Y pasar la vida en el centro del campo
hasta que encuentren en la cantera un recambio.
Pasar la vida en el centro del campo.
La experiencia es un grado bajo cero
el destino jugando siempre al fuera de juego
y en el marcador un aburrido empate a cero.
Nadie se compró la camiseta con mi nombre.
Haciendo el trabajo sucio: o pasa el balón o sólo pasa EL hombre.
En el centro del campo, trabajando con los pulmones,
no fui el fichaje estrella ni la hinchada... me dedicó canciones.
Y tantos años, tantas botas,
tantos tacos, tanto esfuerzo
y no ganar ningún trofeo ni jugar un mundial.
Tanto barro, tantas rodillas,
tanto domingo, tantas dobles amarillas
para no llegar nunca a la final.
Y pasar la vida en el centro del campo
hasta que encuentren en la cantera un recambio.
Pasar la vida en el centro del campo.
La experiencia es un grado bajo cero.
El destino el cabrón jugando siempre al fuera de juego
y en el marcador un aburrido empate a cero.
Empate a cero(modificada), Pablo Moro
domingo, 2 de mayo de 2010
Feliz Cumpleaños
No podré contar
qué ocurrió ayer,
fue hace tanto tiempo
que el sol se ha vuelto a poner.
Embobado, insomne,
acaricio la piedra que encontré.
Todos duermen pero ella,
con el ruido, no la pudo ver.
Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.
Ella llegó tarde, no vio a nadie,
fue directa a dormir.
En vez de su piedra
encontró una fiesta en su salón.
Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.
Con vivos, con muertos ...Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.
Con vivos, muertos, brindando juntos,
un año menos que dolerse de esta herida y de esta luz.
qué ocurrió ayer,
fue hace tanto tiempo
que el sol se ha vuelto a poner.
Embobado, insomne,
acaricio la piedra que encontré.
Todos duermen pero ella,
con el ruido, no la pudo ver.
Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.
Ella llegó tarde, no vio a nadie,
fue directa a dormir.
En vez de su piedra
encontró una fiesta en su salón.
Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.
Con vivos, con muertos ...Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.
Con vivos, muertos, brindando juntos,
un año menos que dolerse de esta herida y de esta luz.
Madrugada
Los pies mojados, la mirada perdida. Cada vez más pequeña, un poco encogida.
Huele a hierba de madrugada, a frío de primavera, un poco a decepción, asfalto húmedo, a tierra esponjosa, a tiempo perdido, a sangre muy fría, a tabaco, a cerveza agria y un poco a pasado, y un poco a futuro.
El silencio es penetrable, pero no la deja hablar, se oyen los pájaros a lo lejos, algún taxi algo más cerca, los ruidos mucho más allá, los ruidos de la ciudad, el rumor de un beso, el estruendo de un llanto, de algo que cae, que se rompe; que pisan la andar, de un rincón a otro del bar; el ruido de su mundo entero al temblar.
Tiembla sí, tiembla de miedo, tirita de frío, pero no quiere entrar, solo quiere sentarse a esperar, desde su jardín, desde donde se ve todo y nada a un mismo tiempo, las luces de esa maqueta que algunos llaman Oviedo, un poco azoradas por el tenue resplandor del sol al romper el cielo.
Y no quiere que pase el tiempo, de eso es de lo que se percata, mientras llora sin querer, porque no tiene sentido. Quiere que todo se detenga en este momento de paz real, sin pensar en nada, sin que exista el pasado, sin que haya futuro, sin que llegue mañana. Quiere ser nube, ligere, vaporosa, que se deshaga con el viento en mil jirones de bruma, quiere empapar todo, pero solo empapa sus brazos. Y se siente cada vez más pequeña, ahora que solo ve estrellas demasiado altas, entre las que vuelan sueños demasiado altos, vagando, entrechocado, ignorándola por completo.
Disimulando el asco, demostrando nauseas, abrazando monigotes, viendo la catedral, esta vez desde la perspectiva de la fuente, no desde la calidez de un banco. Esta vez no ayuda a desconocidos mientras alguien le mete mano. Esta vez llora en el hombro de sus amigos, ya no hay fuerzas para fingir, ya nada y todo, a un mismo tiempo da igual. Es como si tan solo quedara sufrir.
No es su culpa y ella lo sabe, después de todo no había mucho más que esperar pero la decepción es tan fuerte, tan intensa, se siente tonta al darse cuenta de que él es como los demás de que es como el anterior, y ella siempre, siempre igual de idiota esperando un poco más, algo distinto. Pero no hay nada distinto en esa ciudad, que desde su casa parece pequeña, abarcable, acogedora. Desde la plaza de la catedral inconmensurable, desde la plaza del Sol inabarcable y desde los bares, le oprime el corazón.
Porque solo es una niña, porque tiene corazón, que no se puede romper por completo, pero que esta herido y que sangra, sangre fresca de dolor muy joven, un dolor muy manido, una historia que se vuelve a repetir. Se repetirá eternamente rompiendo su fe cada día un poco más, helándola de la cabeza a los pies, hasta que un día, un magnífico día, ella aprenda a dañar y dejar su corazón en casa para que arda la ciudad cada vez que salga, a olvidar su alma en su habitación donde nadie la pueda ver. Quiere ser como los demás y que nada duela tanto como esta noche de sábado que no consigue olvidar. Solo siente una cosa, mientras fuma tabaco frío, que ahora ya no sabe como querer, si tiene miedo de amar, pánico de volver a recorrer las calles de la ciudad. Quiere ver Oviedo sin ojos, porque siempre va a ser igual.
¿Salvarla? Ya la dejaron morir, desangrándose en la acera, gente pasa y ella muere, y nadie repara, y después de esto, de Lucía, apenas quedará ya nada.
Huele a hierba de madrugada, a frío de primavera, un poco a decepción, asfalto húmedo, a tierra esponjosa, a tiempo perdido, a sangre muy fría, a tabaco, a cerveza agria y un poco a pasado, y un poco a futuro.
El silencio es penetrable, pero no la deja hablar, se oyen los pájaros a lo lejos, algún taxi algo más cerca, los ruidos mucho más allá, los ruidos de la ciudad, el rumor de un beso, el estruendo de un llanto, de algo que cae, que se rompe; que pisan la andar, de un rincón a otro del bar; el ruido de su mundo entero al temblar.
Tiembla sí, tiembla de miedo, tirita de frío, pero no quiere entrar, solo quiere sentarse a esperar, desde su jardín, desde donde se ve todo y nada a un mismo tiempo, las luces de esa maqueta que algunos llaman Oviedo, un poco azoradas por el tenue resplandor del sol al romper el cielo.
Y no quiere que pase el tiempo, de eso es de lo que se percata, mientras llora sin querer, porque no tiene sentido. Quiere que todo se detenga en este momento de paz real, sin pensar en nada, sin que exista el pasado, sin que haya futuro, sin que llegue mañana. Quiere ser nube, ligere, vaporosa, que se deshaga con el viento en mil jirones de bruma, quiere empapar todo, pero solo empapa sus brazos. Y se siente cada vez más pequeña, ahora que solo ve estrellas demasiado altas, entre las que vuelan sueños demasiado altos, vagando, entrechocado, ignorándola por completo.
Disimulando el asco, demostrando nauseas, abrazando monigotes, viendo la catedral, esta vez desde la perspectiva de la fuente, no desde la calidez de un banco. Esta vez no ayuda a desconocidos mientras alguien le mete mano. Esta vez llora en el hombro de sus amigos, ya no hay fuerzas para fingir, ya nada y todo, a un mismo tiempo da igual. Es como si tan solo quedara sufrir.
No es su culpa y ella lo sabe, después de todo no había mucho más que esperar pero la decepción es tan fuerte, tan intensa, se siente tonta al darse cuenta de que él es como los demás de que es como el anterior, y ella siempre, siempre igual de idiota esperando un poco más, algo distinto. Pero no hay nada distinto en esa ciudad, que desde su casa parece pequeña, abarcable, acogedora. Desde la plaza de la catedral inconmensurable, desde la plaza del Sol inabarcable y desde los bares, le oprime el corazón.
Porque solo es una niña, porque tiene corazón, que no se puede romper por completo, pero que esta herido y que sangra, sangre fresca de dolor muy joven, un dolor muy manido, una historia que se vuelve a repetir. Se repetirá eternamente rompiendo su fe cada día un poco más, helándola de la cabeza a los pies, hasta que un día, un magnífico día, ella aprenda a dañar y dejar su corazón en casa para que arda la ciudad cada vez que salga, a olvidar su alma en su habitación donde nadie la pueda ver. Quiere ser como los demás y que nada duela tanto como esta noche de sábado que no consigue olvidar. Solo siente una cosa, mientras fuma tabaco frío, que ahora ya no sabe como querer, si tiene miedo de amar, pánico de volver a recorrer las calles de la ciudad. Quiere ver Oviedo sin ojos, porque siempre va a ser igual.
¿Salvarla? Ya la dejaron morir, desangrándose en la acera, gente pasa y ella muere, y nadie repara, y después de esto, de Lucía, apenas quedará ya nada.
Cuando eres frágil...
Los chicos del salón
jueguan a imitar la vida
con aparatos electrónicos.
Por un rincón pasa su vida
su vida en aviones
supersónicos.
Hay cientos de vasos rotos,
aristas afiladas
de sueños flojos
y tantas cosas por pagar.
Esperando un golpe de suerte
o un giro de la situación.
Ya no se creen tan fuertes,
ya nolo tienen tan claro,
le tienen miedo a la muerte
y pasan el aro
como invitados de honor.
los chicos del salon lamen sus heridas
igual que perros
daltónicos.
Caer en la tentacion parece la única salida
aguantando chistes
irónicos.
Hay veces que no estan fácil
encontrar un culpable;
cuando eres frágil
una caricia te puede romper
Esperando un gole de suerte...
Golpe de Suerte, Pablo Moro.
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