miércoles, 12 de octubre de 2011

Crossroad


Y aunque ni amaba ni conocía aquella tierra; ¿cómo no verlo? ¿cómo no sentirlo?
La luz de esa luna, de esa inmensa luna en aquel aún más inmenso cielo, plateando sobre los interminables y altos campos de trigo, meciéndose en la noche, en un silencio silbante y oscuro preñado de aventuras, preñado de misterios y de vida, prometiendo de forma muda la maravillosa existencia de los seres absolutos.
Al Este quedaba el ajetreado mundo metropolitano, tan lleno de gente como de rascacielos, repleto de un ecléctico e incesante murmullo, un susurro tenue y expectante... siempre a la espera.
Al Oeste, la larga casi infinita y recta carretera que sube y baja y vuelve a subir y baja de nuevo para morir en las titánicas ciudades de la costa oeste, ese tipo de ciudad que nunca duerme y que ilumina la inmensidad en la nada más árida que pueda haber a orillas del océano Pacífico.
Al Norte, por otra parte, la carretera serpenteaba de una forma distinta, las siluetas de las montañas engullían cualquier luz y la segurida del frío invierno mojaba los pies en el ártico.
En el Sur, los misterios de la garganta mexicana, del calor en los labios y el sol que besa la piel, de selva amazónica y vudú, de olor a ciénaga y la segura paciencia del río Missisipi, con sus aguas turbias y sus barcos de vapor, con su Orleans y sus colores.
Todo podía llegar a sentirse desde aquel cruce de caminos, el mundo entero estaba allí, inmiscuyéndose en cualquier vida. Ningún problema importaba porque no había nada más reconfortante que aquella sensación, la misma que habría tenido cualquier ser humano de encontrarse varado en un cruce perfecto como ese. La sensación de que, por una vez, decidir no era una obligación sino un provilegio secreto y maravilloso. Se percató de que podía cambiar las cosas, de que todo era posible, aún más, de que todo era seguro, todo llegaría y pese a que eran tiempos difíciles, pese a todas las mentiras, a la pantomima diaria, al miedo al nihilismo del futuro... Pese a todo, de pronto, solo tenía fé, fé en ella misma y fé en el resto del mundo, en que cada persona en la tierra encontrara su propio "cruce de caminos" y tuviera la misma revelación reaccionaria que tenía ella en esos momentos, tan simple que asustaba y tan real...

Si todos se dieran cuenta, sólo se necesitarían tres días para cambiar el mundo: uno para creer, otro para luchar y el último para vencer.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Asusta, y tal vez no te haga más fuerte, y tal vez no aprendes nada, y ni si quiera puedas creer ni tener esperanza, porque estar abajo nunca es garantía de que puedas llegar hasta arriba ni de que el suelo no se vaya a romper bajo tus pies; sólo rezas de puntillas para flotar lo suficiente como para no romperte y puede que lo único bueno en tal instante sea la soledad o puede que no haya nada. Ni si quiera hay a quien pedir ayuda.
Es increíble para mi, que siempre escribí para ser leída, darme cuenta de que ahora escribo porque la soledad duele tanto que mi única sangre es la música, la música y la tinta.
Me pregunto si alguna vez alguien se sintió tan solo como yo.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Todo termina, pero esta forma de acabar es curiosa, porque normalmente los finales son en silencio, normalmente se acaba con todas las papeletas agotadas, con todos los cartuchos quemados, con voz tierna y muy tranquila, seguros de que ya no queda nada. Este final es distinto, porque acaba en la cúspide, en lo más alto de cualquier mundo. En lo más ruidoso de una noche, en la tormenta más terrible. Yo también te veo venir niño, se mentir mejor que tu, se guiñar el ojo de forma distinta y no, yo no soy mejor, pero al menos tengo estilo. Y llegó el final a la mitad, no vales más de lo vivido, si es así y será por siempre, irse ahora es lo correcto. Adiós a tantas mentiras, adiós a este doloroso talento.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Descanso

Como estar soñando despierto, imaginando otra ropa, quizá la misma ciudad pero con esa consistencia onírica tan dulce que sólo se haya dormido o tal vez drogado; con un cuerpo un poco más pulido, la cara más fina y el pelo más suave. Todos los días hacía sol, incluso los días de lluvia, pero no un sol cualquiera, era un sol dorado, como el otoño, un sol perfecto que daba una luz y un aroma perfectos. No existían las televisiones ni las revistas y tampoco había forma alguna de retocar las fotos, solo existían las super 8 y las polaroid como mucho; porque en esa vida no hacía falta ninguna imagen, porque nada era major que los días largos y reales que se sucedían sin cesar. Y un cruce en un pasillo decía más que una simple mirada, y no había nadie capaz de superarle. Y todo era suficiente para superar al miedo. Si, a veces disfrutaba de soñar un mundo así, pero despierto. Porque si no, si se dedicaba a soñar dormido como el resto, lo único que le quedaría por hacer en las mañanas sería ver que nada era cierto, que el mundo era mucho peor, que había miedo, que había venganza, engaños y rencor por todas partes, que no había ropa suficiente para conjuntar tanto desastre, que las teclas seguían sonando al son de las desgracias y no había forma alguna de ser mejor, nunca habría forma de llegar a nada.

martes, 28 de junio de 2011

Supersónica

Nadando con el viento,
viajando de costa a costa,
dejando vidas atrás;
intensos vamos viajando,
anodinos entre la gente.
Nosotros viajamos sin más.

Adelanta a tu fantasma,
vuela por la carretera,
pasa ante tu destino,
se cansa rápido,
se sienta en la acera,
no ocurre nada;
así que vuela.

Vienen detrás, a buscarte.
Pero sigue siendo Neal,
sigue siendo por siempre.
Estamos enfermos,
Lo sabes.
¿Cuanto nos puede quedar?
Moriremos si nos alcanzan
¡Muévete! ¡No existe nada detrás!
¡Estamos en la carretera!
Sólo se puede ir hacia delante

¿A donde llegaremos?
Descúbrelo tú al andar.

martes, 14 de junio de 2011

{Final}

Me dolía la cabeza, me estallaban los oídos, me picaban los ojos. Porque intentaba encontrar el indicio, por pequeño que fuese, de que se dirigían hacia allí para salvarme, de que estaban corriendo desesperadamente en pos de mí y de que no, de ninguna forma aquel iba a ser mi fin.
Pero me latía rápido el corazón, con esa fuerza y ese descontrol con el que sólo laten los corazones que laten por última vez.
No iban a venir, claro que no. Lo sabía, y estaba tan terriblemente segura de ello que si lloraba, era por la rabia de seguir manteniendo la mentira y la esperanza.
No había esperanza.
Yo nunca había formado parte de ese mundo, nunca había sido parte del grupo, ni parte de la tripulación; no era una domadora de dragones y por supuesto no era pirata. Era tan solo humana, su mascota particular, una muñeca interesante, pero al fin y al cabo sólo un juguete.
Y jodía, claro que jodía porque nunca había pedido nada de aquello, había creído lo que me habían hecho creer, quisieran ellos o no. Ahora estaba sola, ya no quedaban amigos, ya no contaba con nadie en absoluto.
Pero la peor de todos era yo, que había mantenido la mentira, había esperado con paciencia, había creído cada palabra, había bebido de cada gesto.
Me creía todo, después de todo si que era demasiado pequeña y si que aquel mundo me venía demasiado grande. No quería ni pensar en lo que habría sido de mi de otro modo, porque sabía que si, que habría vivido más, pero que tampoco era que fuese a estar menos sola… En fin, no quería pensar porque ya que tenía poco tiempo, mi cabeza se centraba en el dolor pulsante, no de la traición, sin de la venda al caer de los ojos, y de la capucha del verdugo al cegarlos.
No recuerdo que fue lo último que vi, se que no era la cara de Arnold, ni la de Quirón, mucho menos la de Dave.
Daba rabia, pero tenía que haberlo supuesto, tenía que haber sido más lista. Ninguna de aquellas batallas había tenido nada que ver conmigo, nadie me hablaba directamente, y ni si quiera me habían dedicado alguna de aquellas canciones de borrachos a las tantas. Se lo que habría dicho Dust, se las habría arreglado para echarme la culpa a mí.
Dios, cómo dolía.
Me hicieron caminar, me gritaron en un idioma que no entendí.
Deseé con todas mis fuerzas que vinieran desesperadamente a salvarme; no quería morir.
Tropecé con algo y caí de rodillas.
No, no se escuchaba la voz de Dave ni de ninguno, sólo la de una multitud ensordecedora.
Me apretaron el cuello contra una superficie de madera, a esas alturas ya sabía que estaba en lo alto patíbulo.
Ya no podía ser racional, de ningún modo.
" Por lo que más quieras, aunque seas tú solo… ¡Por Dios Dave, tienes que venir a salvarme! "
Un sonido metálico, una hoja afilada guillotinando el aire.

Estuvieran yendo o no, daba igual, la cabeza rodó por el patíbulo y cayó a la plaza. Ya era tarde.

jueves, 9 de junio de 2011

Una sola frase

Cómo darle vueltas a una sola frase, a una sola idea, durante horas, porque al final si nadie sabe nada de ti, ni una brizna de lo que eres, ni un atisbo del complejo caos de tu mundo parece que no vale la pena, vivir para vivir de juguete. Tan solo para ser algo falso y triste. No hay nada cierto y es extraño tener voluntad y que todas las personas a las que quieres no tengan voluntad para ti, no importar, no valer, no servir. Supongo que si, que seré buena persona, lo bastante para que nadie se preocupe por hacerme daño y si, supongo que es victimismo del de antes pero, ¿y qué? ¿Qué más da que lo sea si es cierto? Tengo voluntad, pero no para mentirme, porque ya miento bastante al resto. Lo que yo necesite no importa nadie, porque unos creen que quien es joven es de hierro, otros piensan que mis convicciones son de humo y el resto que no las tengo, hay quien cree que no lloro nunca, que nada me daña, hay quien piensa que soy imbécil y que me engaña y no lo se, supongo que no se nada; tantas veces me dijeron que no tengo ni idea, que al final será verdad.
Y llevaba todo el día valorando una idea tan simple, hasta que me di cuenta que según todo el mundo yo no valgo para pensar.
Que raro que te menosprecien solo por ser pequeña. Que raro vivir con miedo, que raro no ver la luz al final del túnel y no saber como salir del agujero y no saber cuanto durará lo bueno y no saber si hay, realmente algo bueno.
Y que raro el nudo en la garganta siempre y que raro no poder reír y que raro tener pánico de opinar y de perder y de seguir. Yo sólo quiero libertad, y algún día me iré, me da igual donde, y me iré tan lejos que nadie me podrá seguir, lo siento pero quiero deshacerme del mundo, porque me cansé de dejar que el mundo me hiciera daño.

martes, 7 de junio de 2011

Algo había que cambiar y, sin embargo, cabía la posibilidad de que ya no quedara tiempo para cambiar nada en absoluto. Y de ser así, de haberse agotado las opciones entonces, ¿Qué quedaría? Nada, una vida desapercibida, una vida como un regalo sin desenvolver, como un libro nuevo que ya nadie leería. Y eso podía asustar mucho más que la enfermedad y la muerte, eso podía hacer reaccionar al más apoltronado o llorar al más valiente. Era tan solo caos, y un dolor en la garganta y la necesidad absoluta de comerse el orgullo y pedir ayuda, y lanzarse al agua sin saber si el mar estaba en calma o se estrellaría contra la rompiente del acantilado. Necesitaba ser feliz y lo necesitaba de inmediato porque de pronto se daba cuenta de que pasara lo que pasara la final eso era lo único que importaría, y que el resto no era nada más que aire. Sabía que no lo entenderían pero ya no pesaba tanto que lo entendieran o no, lo que pudieran hacer o no, ya no importaba más que ser feliz a secas. Lo único malo era que nadie le había explicado nunca como serlo, nadie le había enseñado cuando confiar y cuando no y para dar el último paso, necesitaba el apoyo incondicional de alguien que no podía dárselo.

lunes, 6 de junio de 2011

punto de inflexión

No se lo que pasará hoy, no se lo que pasará esta semana, pero si se que se trata de un gran punto de inflexión; que nunca imaginé que sería una “panoli” más que no sabe aprobar algo tan simple, porque nunca imaginé estar atrapada en un lugar tan recóndito y oscuro, en un lugar que no me gustara nada en absoluto. Pensaba que siempre crecería y estar atrapada, y seguir atrapándome yo misma es algo que me destruye. No se lo que pasará, pero si se lo que ocurrirá si pasa, se que hay cosas que no puedo soportar y que el mundo me está llevando al límite, y se que muchas veces me equivoco, seguramente más de las debidas, pero no puedo evitarlo. Estoy contra las cuerdas y soy lo suficientemente estúpida como para no cortarlas, como para no hacer algo al respecto. Tal vez es que me gustan las cosas fáciles, no tengo la voluntad suficiente o si, realmente soy una cría con una fachada perfecta.
Supongo que, como Jim, yo también he estado tan baja últimamente que esto me parece alto y no puede seguir así, no puede ser porque no tengo madera de fracasada, no puedo aguantar el fracaso ni la decepción ni ser mediocre, es algo que me asusta más que cualquier otra cosa.
Por eso no se que pasará hoy, ni esta semana, pero pase lo que pase voy a reaccionar, y estoy apunto de explotar. Y si algo tengo claro, es que si tomo una decisión al respecto la cumpliré a costa de todos, y si tengo que irme con el cielo encima y la tierra debajo tendré que hacerlo. Tengo mucho miedo.

domingo, 5 de junio de 2011

Que extraño es, que raro puede llegar a ponerse todo en un instante. Supongo que te dicen tantas veces que no sirves que al final, no sabes demostrarte si es falso o no. Supongo que no sabes ver si, después de todo, hay algo que merezca la pena en ti lo bastante como para retener al menos una parte de ti mismo. Y hablando de uno mismo; es extraño vivir como no quieres, y necesitar independencia y no tener libertad y tener que posar siempre y dejarte el maquillaje y no volver. Y saber que hay tanto que te sobra y que, sin embargo, no puedes desprenderte de ello porque nunca, nunca es mejor solo que mal acompañado, a veces nos pervertimos en lo más profundo para sentir que alguien nos necesitas, que somos algo más. Hablo de esa soledad que no esta sola, de esa soledad que es conocerte y no saber como hacerte conocer porque, ¿quién va a querer? ¿Qué tienes que ofrecer al mundo que no haya visto ya? Y es jodido, es jodido porque a veces, muy pocas veces realmente necesitas a alguien y ver como se escapa y no puedes seguirle, como realmente no es lo que pensabas. Ver que, por mucho que diga, no te quiere, no va a ser para siempre, no te necesita en su vida, no importas… Es jodido, al menos para las personas dependientes que claman a gritos por la independencia, que necesitan protección y tienen demasiado orgullo para admitir que son débiles. Es jodido tener sueño y arrastrar cansancio y, sin embargo, tener miedo a ir a la cama, porque cuando apagas la luz llegan los monstruos. No puedo dormir, se me hace un nudo en la garganta.

lunes, 30 de mayo de 2011

Al final

Al final, es lo más complicado de todo, tomar una decisión y darte cuenta de que no puedes seguir, de que tienes que esperar y que nada sucederá tan deprisa como necesitas para retomar la vida.
Dejar el mundo atrás, un mundo que te persigue, del que no te has podido desprender aún y que sin embargo ya no necesitas, ya sobran en lo que quieres ser. Pero lo más jodido supongo que es tener claro que quieres ser (más bien, qué no quieres ser bajo ningún concepto) y que todo lo que debes abandonar siga rezumando suavemente, como siempre, y que te levantes por la mañana y no tengas tiempo de despertar. Y que llegues por las noches y no tengas fuerzas para descansar. Y sigue manteniendo el tipo por un puñado de personas que solo quieren lo que quieren ver, y aférrate a quien no te puede ayudar, a quien no te quiere querer.
Llega un momento en que es difícil no confundirte, no estar viviendo dos vidas al mismo tiempo, cuesta más ahora fingir que no te estás equivocando, y seguir con el error. Tal vez sea verdad, tal vez yo no tengo los arrestos que hacen falta para dejarlo todo. O simplemente no tengo el dinero suficiente para cambiar.
Es triste y deprimente que una vida dependa del dinero, que no tengas bastante y tengas que seguir… sufriendo. Siempre fui una persona libre, y cuanto más crezco más se incrementa la necesidad de libertad y ahora la libertad de siempre ya no me parece lo bastante amplia para mi, y me pervierto; y de pronto dependo, y de pronto me asqueo, de pronto no soy yo. No se quien soy, soy algo que jamás quise ser. Supongo que es patético pensarlo, pero tal vez mereciera más la pena dejarlo todo ya, parar aquí, visto lo visto, ¿para que seguir?

viernes, 27 de mayo de 2011

Ciudad de farolillos

Eres algo extraño, eres algo distinto, existes sin existir, parece que estás pero no estás vivo. Tal vez sea porque me habitué a lo malo, tal vez me habitué a aguantar, a vivir del mañana, a beber sin recordar.
Pero soñar contigo es extraño, chocante, distinto. Es una ciudad de farolillos, es una fiesta nocturna. El ambiente tiene ese cálido color amarillo, es verano y estás conmigo. De pronto es la intensidad de lo nuevo, la intensidad de lo vivo. Es la corriente eléctrica de saber que el tiempo vuela, que hay un hecho remanente, que no necesito verlo, para saber que hay un ente sobrevolando el mundo y pensado en nosotros.
Tal vez sea algo que vaya en los genes, tal vez sea rubor, tal vez sea amor, tal vez sea mentira o ilusiones adolescentes. ¿Sabes? Siempre intenté ir más allá de mi mundo, y ahora estás tú más allá de todo. Y lo que me asusta es que de nuevo se desmorona el castillo de naipes, de nuevo a empezar de cero (como siempre) pero… de nuevo miro hacia delante y tu dejas el alma en lo que haces, y de nuevo miro hacia abajo, y de nuevo el tiempo pasará y nada se termina ni nada empieza porque pasase lo que pase, nosotros y nuestro tiempo, continuaremos yendo hacia delante.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Será la edad

El mundo no es injusto, el mundo no es justo, el mundo no es nada. El mundo solo un pedazo de tierra construida y por construir. El mundo existe pero no cambia. El mundo se mantiene. El mundo no piensa, no actúa, no jode, no muere. Son las personas y en todo caso a la vida se le puede aplicar igualmente porque la vida no es nada. La vida es quien vive, y mientras vivas, cambias. Y no cambiar tu entorno, cambias personas. Y si, podemos decir que la vida es un “palo” pero, ya puestos, habrá que ser conscientes, habrá que saber sacar la madera y no hacerlo astillas. Después de todo es tu vida, después de todo nadie planea nada y lo único que queda es cambiar y si, claro que hay cosas imposibles que se intentan y no se consiguen, y cosas difíciles que nunca se pueden lograr. No es la vida, sino el vivir mismo lo que no es un lecho de rosas, al menos no sin espinas. Nos pincharemos muchas veces… Pero habrá que luchar, y no, no hay lugar para la rendición o para días eternos en los que todo es malo y tú eres la víctima de un mundo injusto. Ni si quiera puedes echarte la culpa a ti mismo, o recibir la culpa de otros. No es nada bueno, no es nada malo, simplemente hay que luchar y hay quien luchará contigo. Y tal vez sean palabras vanas y puede que quieras gritar, abandonar, no escuchar y aún más, no entender. Pero no puedes hacerlo, porque así están las cosas, porque el tiempo perdido no es tiempo a recuperar, porque hay que pensar, pero pensar actuando. Porque por muy infantil que pueda parecer si que somos los protagonistas de nuestras propias historias y si que a veces son historias dramáticas. Pero lo que cuenta al final es el tiempo luchado, el tiempo sonreído y, a fin de cuentas, el tiempo vivido de verdad y las personas con las que viviste, y el tiempo que hiciste que sus propias vidas merecieran la pena.
No se puede parar, no se puede solo y eso es algo que incluso a mí me cuesta aceptar. Si, siempre podemos cambiar, siempre podemos ser quien queramos ser, siempre podemos ser mejores, y situar en un punto extraño la culpa de las propias acciones es algo ridículo y es horrible, porque es mentira.
Tal vez lo más ridículo de todo sea que yo lo escriba, porque ni si quiera he empezado a vivir, no tengo idea de más que de mi misma y suelo hablar sin comprender del todo bien lo que escucho. Pero es una opinión y hay cosas que, muy en el fondo, se que no quiero cambiar; será la edad.

martes, 17 de mayo de 2011

Llegará el día

Sacó fuerzas de donde ya no quedaban porque aún no, pero llegaría el día. Llegaría el día en que el mundo quedara tras una puerta cerrada, llegaría el día en que pudiera entrar y llorar y fumar como una loca y arrojarse en la cama y estar sola y no temer que el mundo mismo la abordase en cualquier momento.
Llegaría el día en que no tuviese que ir en contra de su naturaleza, en que no tuviera que rendirle cuentas a nadie, en que todo quedara tras esa puerta.
Llegaría el día en que no tuviese que aferrarse a todo aquello que le sobraba, en que no tuviese que explicar nada, que necesitar a nadie, que tuviese por fin una vida en blanco que escribir y estuviera sola, sin sentirse abandonada.
Llegaría el día en no echaría nada de menos ni a nadie, en que no tuviese nada más que lo exclusivo y necesario, y la llamada de rigor, y el calor de una comida y el placer de una familia que poco a poco había ido haciendo suya.
Y mientras llegada, tenía que luchar, que aparentar, que fingir y alguna vez desbordarse sin poder decir que era porque necesitaba algo para seguir cuando para su naturaleza era intrínseco e incuestionable la capacidad de sobrevivir sin necesitar nada.
Pero llegaría el día en pudiera dar las gracias, cerrara la puerta y estuviera, tras veinte años, por fin en casa.
Llegaría, y según iban sucediéndose los acontecimientos, llegaría mucho antes de lo que esperaba.

martes, 10 de mayo de 2011

Make it better

Si, supongo que es maravilloso quedarme estancada pensando en el perfecto pasado que podría haber tenido, en todo lo que podría haber hecho, en todo lo que podría haber vivido; pero más maravilloso es trabajar por el futuro brillante que me espera, y luchar por conseguirlo porque, a fin de cuentas, el pasado no da nada más que buenos consejos y, a fin de cuentas, de todo lo que hay en el mundo, tan solo el futuro es mío y pienso aprovecharlo, y da igual las veces que caiga, y da igual las veces que me tiren y da igual que no haya manos que me levanten porque, por muy sola que pueda estar, jamás estoy sola del todo, porque sigo estando conmigo y estoy de mi lado y no me pienso abandonar.
Y ya estuvo bien de llorar y lamentarse y de buscar algo en que apoyar el peso porque, ¿qué es lo que pesa? En realidad, lo que pesa no es nada. Y si, sería precioso abandonarme y dejar que otros me recojan, y no niego que me encantaría ser de esas personas que tienen el don especial de hacer que el mundo gire a su alrededor. Pero soy como soy y no voy a cambiar, y ya que yo no voy a cambiar, cambiaré el mundo. El futuro es sólo mío, mi mundo es tan grande como el universo y yo soy la protagonista de mi historia.
Ya fue bastante del resto, ya fue suficiente de ponerme emboscadas en el camino, de tener un miedo atroz a perder cosas que, siendo sincera, no son mías; nadie puede poseer a nadie y eso es lo hermoso que tienen las personas. Supongo que solo tenía que darme cuenta de que el mundo es como es y que yo tengo la capacidad de cambiarlo. Supongo que aun me cuesta hacerme a la idea de que sigo con la mentalidad absurda de la posesión y que sólo cuando pierda cosas que jamás fueron mías, una y otra vez, me daré cuenta realmente de que tengo tan sólo el futuro y mi apoyo incondicional y que se trata de una certeza que la mayoría de la gente jamás llega a comprender. Yo estoy empezando a asumirlo y es tan maravilloso que abruma, y tan real que me hace sonreír. Se acabaron por fin las gilipolleces y las historias y, sobre todo, se acabó por fin el dar pena. Estoy aquí para ti, estoy aquí para mí, y no tengo en mente desaprovecharme.

jueves, 5 de mayo de 2011

Adiós: definición.

Adiós es alguien bastante inusual, Adiós nunca deja de hablar, siempre dice y dice y no deja de decir. Adiós tiene un poco de incontinencia verbal.
Adiós cree que es un héroe de cuento, siempre está buscando princesas, de todo lo que dice en este caso dice que no, cuando yo pienso que siempre se arrima al sol que más calienta.
En cuanto a las personas, Adiós solo se ocupa de sí mismo, se acerca a la gente que le interesa (él es un poco como yo) y de nuevo en cuanto a las personas, a veces creo que no tiene ni un pelín de conciencia.
Dice tantas cosas que es muy difícil saber cuando miente o cuando dice la verdad porque, entre otras cosas, a Adiós se le da muy bien mentir y yo voto porque lo hace a diario pero bueno, tampoco podría asegurarlo, porque nunca podría asegurar cuando miente o cuando dice la verdad.
Yo no suelo creer a Adiós (así me ha ido bien hasta el momento) y siempre estoy muy atenta cuando habla, porque todo lo que dice tiene su pequeña explicación detrás, es como descifrar una metáfora tras otra, porque a veces creo que habla en metáforas y cuando habla de lo que hace o hizo, yo siempre interpreto hasta sacar algo parecido a la verdad.
Creo que Adiós me miente mucho más que al resto y hablando de muchas cosas, se irrita mucho cuando es descubierto; Adiós jamás admitirá que miente y lo hará todo para que nadie se de cuenta. Pero de todo lo que estoy aprendiendo al verlo, aprendo a que es más lo que dice que lo que calla, porque hablar y hablar es su coartada, y cuanto más habla más se descubre y cuanto más habla mas se agazapa.
Adiós no tiene por costumbre cumplir promesas, sencillas o difíciles, le falta determinación para todo, porque Adiós es una promesa constante, vive en un castillo hecho de aire, y allí se recrea en todo lo que prometió y que no cumplirá jamás, como el resto de promesas que no cumplió.
Adiós es despistado, por eso yo puedo cazarlo, le gusta tanto hablar que se pierde y según cuenta cosas que no me gusta saber, se que miente. Y Adiós se enfada porque no le crea, ¿cómo se puede enfadar cuando digo que miente? Después de todo, me habla tanto de sus mentiras que sólo saco en claro que a mi también me miente.
Ay… Si yo estuviera segura de que no hay nada en absoluto de verdad, le diría adiós para siempre.

miércoles, 4 de mayo de 2011

I can' t believe it

Esto no puede ser mi vida, si me viera mi pasado se suicidaría, esto no puede ser mi vida…
Yo quería hacer tantas cosas, escribir tantas cosas, vivir tantas cosas, decir tantas cosas; que esto no puede ser mi vida.
Yo quería amor, y esto no puede ser mi vida.
Yo quería verdad, libertad, tabaco, música y sabrosa soledad, las “doldrums” de la santa existencia. Esto no puede ser mi vida.
Yo quería hablar, yo quería valer, yo quería triunfar, yo quería saber, yo quería dejarlo todo y volver y marchar y viajar y ver, yo quería volar, y resulta que tengo pánico al avión.
Yo solo quería ver mi mundo pero no tengo suelto para el billete.
Esto no puede ser mi vida, no puede ser mi vida.
Esto no puede ser mi vida porque si me viera ahora mi pasado, se suicidaría.

lunes, 2 de mayo de 2011

Un año más, un año menos



No podré contar
qué ocurrió ayer,
fue hace tanto
tiempo
que el sol se ha vuelto a poner.

Embobado, insomne,
acaricio la piedra que encontré.
Todos duermen pero ella,
con el
ruido, no la pudo ver.

Con vivos, muertos, brindando juntos
por
un
año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.

Ella
llegó tarde, no vio a nadie,
fue directa a dormir.
En
vez de su piedra
encontró una fiesta en su salón.

Con vivos,
muertos, brindando
juntos
por un año más, un año menos
que dolerse
de esta herida y de esta
luz.

Con vivos, con muertos ...
Con
vivos, con muertos ...
Con
vivos, con muertos ...
Con vivos, con
muertos ...
Con vivos, con muertos
...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos, con muertos ...
Con vivos,
con muertos ...

Con
vivos, muertos, brindando juntos
por un año más,
un año menos
que
dolerse de esta herida y de esta luz.

Con vivos,
muertos, brindando
juntos,
un año menos que dolerse de esta herida y de esta
luz.


Año Nuevo, Vetusta Morla
Quiero contar algo, pero sin palabras, algo que quiero dejar atrás.

miércoles, 27 de abril de 2011

fiesta de cumpleaños

Lo mejor de mi fiesta de cumpleaños fue cuando anocheció y pude camuflarme entre la multitud y ser parte de la fiesta sorpresa que nunca me sorprendió, y pasaron todas esas cosas chocantes, crudas y terribles que pude ver con los ojos bien abiertos sin que nadie me permitiese apartar la mirada. Volver a casa en un taxi inhumano; tan sola como nunca había creído estar realmente. Sin poder dormir en una cama vacía, un nudo en la garganta y una melodía sonando con fuerza en la cabeza, con el teléfono inmóvil para siempre y mudo, observando desde la mesita de noche.
Lo mejor de mi fiesta de cumpleaños fue cuando amaneció, y no recordaba nada de lo anterior, y estaba en la cama oliendo a tabaco y alcohol, mis padres gritaban abajo, los perros ladraban fuera y yo aun ensoñaba que estaba donde quería estar, que estaba con quien quería estar, aunque no tuviera aun muy claro donde ni con quien; para después ir despertando y notando que la realidad era tan inamovible como parecía, que no cambiaria nada y que siempre me despertaría el sonido embotado de una radio, mis padres chillando abajo y los perros ladrando fuera; o quizás no, quizás todo cambiara de un momento a otro, quizás tuviera algún tipo de opción.
Lo mejor de mi fiesta de cumpleaños fue cuando llovió, y la gente empezó a correr de un lado a otro, y el tiempo se detuvo, mi vestido se mojó, se me chafó el pelo y recordé todas esas locuras que siempre había querido hacer, las cosas en las que siempre quise destacar. No había hecho nada al fin y al cabo, solo imaginar lo genial que sería poder hacer los trazos precisos, o las frases concretas, y me di cuenta de que a pesar de todo y aun cuando daba la impresión de que no había forma posible; aun podía hacerlo todo y ser tan genial como no había sido hasta el momento. La cuestión era que estaba tan amordazada que era incapaz de creerlo.
Lo mejor de mi fiesta de cumpleaños fue cuando la espalda dolió, y salí despacio, y no quedó tiempo, ese tiempo que había invertido en el aire de alrededor, y el resto de años parecieron ridículos y el año por venir pareció el último, y de pronto había malgastado mi vida y de pronto no me importaba porque, en realidad, tampoco había merecido la pena.
Lo mejor de mi fiesta de cumpleaños es que nunca existió, que aun no fue mi cumpleaños, que nada ocurrió.

lunes, 25 de abril de 2011

Mala suerte

Se preguntó por qué, ¿por qué tenía tan mala suerte? ¿Por qué si era la protagonista de su vida no podía escribir una historia mejor? ¿Por qué el tiempo se paraba otra vez? ¿Por qué estaba dando un paso atrás? Simplemente, ya no veía razones para nada, porque hiciera lo que hiciera, todo acabaría con un nuevo paso hacia atrás, y después de todo, hacía cierto daño creer que no había error posible y sin querer, errar.
Tan solo era rabia, porque no podía esperar que nadie la salvara, no había héroes, ni tampoco un regreso a casa. Era a casa a donde volvía y se sentía tan sola que arañaba en la garganta.
No tenía fuerzas para luchar, demasiada competencia y tan pocas balas; ahora además, competía contra si misma junto con el resto. Simplemente quería escuchar que tenía algún sentido, pero no podía respirar, su propia vida la ahogaba.

martes, 12 de abril de 2011

Dolor de espalda

Estaba desperdiciando su vida, la había estado desperdiciando durante casi veinte años y de tanto desperdiciar apenas si había quedado un desperdicio.
Siempre viviendo más allá de la propia vida, un paso por delante, soñando sin querer lo que quería y quedándose tan sólo en sueños. Tal vez por eso le costaba tanto confiar, porque no tenía la experiencia de ver ningún sueño cumplido. Soñar significaba romperlo todo y ahora se daba cuenta de que de ese modo, realmente, no tenía nada.
En ese mismo instante, preciso y concreto, no tenía absolutamente nada de lo que quería, si tuviera que morir en ese instante moriría como alguien incompleto y anodino, y terriblemente solo. Moriría como una promesa que jamás se vio cumplida, no tendría nada que la hiciese feliz ni algo por lo que hubiese merecido la pena vivir.
Había jodido su vida, se había equivocado en todo, la había cagado como nadie; era bastante ridículo lamentarse por algo que se había buscado pero, en fin, se lamentaba porque no quedaba más que eso, más que eso y remediar, en cierto modo, todos los fallos anteriores, intentar hacer del resto una vida que mereciese la pena ser vivida; dejar de tomar decisiones erróneas, dejar de preocuparse por nadie, dejarlo todo por un sueño o dos, ser su propio mundo.
Tan fácil de decir como difícil de pensar, los años duelen cuando todos restan en lugar de sumar. Un golpe de suerte es mucho pedir, la suerte se la busca uno pero ella jamás la encontraba.
Y mientras pasaban los minutos, seguía desperdiciando su vida, seguía perdiendo, seguía sin encontrar razones, seguía acumulando fallos, guardando envidia.
Cuando también le doliera la espalda, sabía de sobra que seguiría estando igual, dejaría de dolerle la espalda y habría tenido una vida de las que inspiran lástima al recordar.
Lo único que sacaba en claro de todo era que se trataba de algo tan complicado y profundo, o quizá tan simple y terrible que no sabía expresarlo. Quería su vida y la quería ya, porque viendo lo visto, se daba cuenta de que “ya” es lo único que se vive realmente, el resto puede que no llegue nunca, el resto no es nada, sólo existe el momento, y en ese momento lloraba.

lunes, 28 de marzo de 2011

Sería fuerte

Entonces pensó, en el momento más horrible, triste y oscuro que había vivido, que sería fuerte, mucho más fuerte que toda la mierda que la rodeaba, mucho más fuerte que todo lo malo que pudiera pasarle; porque era cuestión de vida o muerte, luchar o caer. No iba a rendirse nunca más. Porque sabía que había un futuro brillante, aunque no pudiese verlo. Tenía que existir, lo percibía, al igual que percibía que sería difícil de alcanzar.
Pero nada sería peor que aquello, nunca volvería a sentirse más sola que entonces, no estaría tan perdida jamás, no podría caer más bajo ni hundirse tanto en la mierda como hundida estaba entonces. Ella sería más fuerte, después de todo, ya estaba sola y desamparada, se había dado cuenta de que necesitaba a alguien, pero también se había dado cuenta de que no tenía a nadie. Y en realidad era mejor así, odiaba ser la víctima en el drama, no esperaba que la rescatasen de pronto, se rescataría a sí misma. Bien, todo era cosa de acostumbrarse y no, no de acostumbrarse a lo normal. Madurar de golpe, soportar mil mentiras que ni si quiera eran suyas, afrontar la propia disgregación de los únicos apoyos que había conocido y contenerse para no buscar más amparo del que podían darle y para no imaginar un mundo feliz que solo conocía de la envidia. Sería fuerte, lo aguantaría todo y se centraría en su meta sin que importara nada más. El objetivo era claro: sobrevivir y no precisamente a costa de sí misma. Podían acompañarla o quedarse por el camino, pero no se iba a desviar del objetivo porque no había nada más que pudiera salvarla. Tardaría en llegar, incluso tardaría en encontrar el camino de subida, pero lo encontraría y aunque la pendiente fuera apenas apreciable, la recorrería y volvería a intentarlo si fallaba, y daría igual estar sola, y daría igual estar perdida y sucia, porque ese futuro cargado de luz sería suyo; ya era suyo.

domingo, 27 de marzo de 2011

La verdad

Y, simplemente, ya nada era como antes, había sido una marcha lenta pero inexorable, como la de los tanques atravesando las brechas de una ciudad. Ahora se había convertido en algo irreversible. Había ido pasando de mano en mano como un cigarro entre adolescentes, ahora ya no pertenecía a ningún sitio. Los trenes, los autobuses e incluso los aviones parecían mucho más reales y cercanos, de un modo u otro su tiempo en aquella ciudad se agotada, y se agotaba mucho más rápido de lo que tenía previsto. Necesitaba empezar de otra manera, empezar en otro sitio y buscar algún lugar al que poder pertenecer por sí misma, puede que jamás lo encontrara pero no dejaría nunca de buscarlo. Ya había constatado con suficiente exactitud que por mucho que le pesara no, no pertenecía allí y ya no era tan ingenua o ya no se hacía la idiota con tanta facilidad como para construir algún extraño hilo entre esas personas y ella. Puede que lo hubiera habido hacia años, o hacía meses, o puede que entonces también hubiera sido producto de su imaginación. Bien, había perdido la capacidad de imaginar. La realidad era bastante dura, la realidad era bastante solitaria, la realidad era bastante dolorosa y sabía un poco a sal. Tal vez el problema era que no había nacido con suerte, tal vez nunca tendría suerte en su vida y fuera a donde fuese seguiría sin tenerla… Tal vez ella, en si misma, fuera un problema.

Maldita dulzura

Y hablas para no oirme.

y bebes para no verme.

Yo callo y rio y bebo,

no doy tregua ni consuelo

y no es por maldad lo juro

es que me divierte el juego.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Viaje

Sabía que no era el momento, pero le dolía demasiado el mundo en ese instante, el polvo le calaba los huesos, el calor le atravesaba y el intenso olor a sangre y pólvora bombeaba su cabeza mientras la sangre iba escapando poco a poco.
Y mientras la abrazaba con fuerza, intentando captar su calor entre el calor implícito en la muerte se preguntó como había llegado allí, que clase de decisiones habían terminado con sus huesos en la otra punta del mundo, sin saber del todo si habría un día siguiente a ese o si serían sus últimos instantes.
De pronto lo veía todo como desde una perspectiva distinta, dicen que cuando sabes que vas a morir ves tu vida a contraluz, pero no era cierto del todo, sólo veía lo importante y lo importante habían sido aquellas últimas semanas. Aquella huida sin control por el bazar de madrugada. La duermevela en un banco en mitad de la nada. La caminata interminable por el desierto con los calcetines sudados. Correr por una selva extraña huyendo del cólera. Analizar síntomas imaginados junto a un río de agua turbia. Tantos recuerdos en tan poco tiempo, y la mente tan clara como para poder discernir sin lugar a dudas que eso y solo eso había sido lo más importante de su vida, y no podía imaginar alguien mejor para haber compartido aquel tiempo extraño que ella. Porque no la conocía, porque sabía todo lo que merecía la pena saber y todo lo que merecería la pena por siempre, porque ambos estaban solos, porque ambos eran lo mismo, dos fugitivos huyendo en una misma dirección. No habría durado más que dos por el mundo de no haber estado con ella.
Se le iba la cabeza, lo notaba. La miró, agarrándola aun con más fuerza, ella ya estaba inconsciente y tampoco dejaba de sangrar. Y se dejó ir, después de todo, volviera o no a despertar, había vivido la vida de la forma más intensa posible, no se arrepentía de nada y mucho menos de aquel viaje loco.
No se arrepentía porque había llegado al final del viaje, había descubierto que la vida es infinita y libre y que, por encima de todas las cosas, merece la pena sacrificarlo todo por vivir la vida del modo en que quieras vivirla al margen del mundo entero.

Sirocco

Era una de esas tardes de decisiones poco trascendentales, anodinas, soleadas y ventosas, cargadas de sirocco y de un ambiente extraño, donde el bar queda tan cercano como la estación del tren, donde se es tan liviano que el propio viento te puede llevar hasta el lugar de siempre o a lugares lejanos y nunca vistos.
Y ella seguía caminando, con esa sensación de estar perdiéndose su propia vida y no tener la capacidad para encontrarla.
Y ella seguía caminando, sin querer o tal vez queriendo. Era un tiempo extraño para una persona extraña, cientos de cambios pero ninguna decisión al respecto, realmente, ya no bastaba solo con pensar y pensar, y calcular y razonar. De pronto, en un instante, había llegado el momento de decidir. Era la hora, todas las cartas estaban a favor, no podía retrasar el instante simplemente por el miedo de no tener los ases bajo la manga.
Quizás por eso siguió caminando; podían más las ganas de vivir que todo el miedo y todas las dudas. No sabía si estaba haciendo bien o mal, pero notaba en los huesos que había llegado el momento de vivir, de madurar, de exteriorizar el cambio o tal vez de interiorizarlo por completo. Y no tenía nada que explicar a nadie, no hacía falta contarlo. Al final era lo único cierto que había sacado en claro, estaba absolutamente sola y ya no era necesario fingir lo contrario. Era una soledad tranquila y dulce, como la de los cementerios.
Por fin había se dado cuenta, no iba a contar nada más, y seguía caminando.

Mírame, soy feliz, tu juego me ha dejado así.
Engañar, seducir, ponerme
guapa para ti.

No sé dónde quedó el rumor que nos vió nacer
,

pagó la jaula al domador...

.

Sálvese quien pueda

Puedo volver ,
Puedo callar
Puedo forzar la realidad
Puedo doler
Puedo arrasar
Puedo sentir que no doy mas
Puedo escurrir
Puedo pasar
Puedo fingir que me da igual
Puedo incidir
Puedo escapar
Puedo partirme y negociar la otra mitad

Puedo romper
Puedo olvidar
Puede comerme la ansiedad
Puedo salir
Puedo girar
Puedo ser fácil de engañar
Puedo joder
Puedo encantar
Puedo llamarte sin hablar
Puedo vencer
Puedo palmar
Puedo saber que sin vosotros puede más

Puede ser que mañana esconda mi voz,
Por hacerlo a mi manera
Hay tanto idiota ahí fuera
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera
Sálvese quien pueda

Puedo torcer
Puedo lanzar
Puedo perderme en la obviedad
Puedo servir
Puedo cansar
Puedo saber que sin vosotros puede más

viernes, 18 de marzo de 2011

Reiniciar

Se había equivocado, y solo quería reiniciar, empezar otra vez desde el principio, sólo volver a empezar, fuera donde y como fuese pero, simplemente, no había forma de seguir. Continuar, ¿para qué? Error tras error; inevitables, incomprensibles, los cometería una y otra vez porque ya no había vuelta atrás.
¿Para que seguir? Algo tan mediocre que jamás pueda avanzar. Había alcanzado el techo de cristal, y lo había alcanzado demasiado pronto, tras él no había nada, la vida patética que seguiría por siempre, la misma ciudad, la misma gente, las mismas mentiras, el mismo ambiente.
Y daba igual la cantidad de alcohol que corriera por sus venas, los innumerables cigarros que hubiera entre sus dedos o todos esos sueños… Porque ya ni si quiera, ni tan si quiera tenía sentido soñar, ¿de que iba a servir? No iba a cumplirse nada, nada iba a ser verdad.
Lo sabía, era tan consciente de la realidad, que casi no podía respirar, que no podía entender por qué ni podía tampoco evitarlo. Por eso quería reiniciarlo todo, ya había visto su vida, ya había decidido que era peor que mala, anodina; había cometido tantos errores que la acompañarían por siempre que el resto apenas contaba, el resto no existía, el resto solo eran resultado de los errores, y sabía que no importaba cuanto viajara, que no importaba nada porque la mediocridad y los fallos la acompañarían por siempre.
Reiniciar, sólo quería reiniciar, sólo le costaba respirar. Cada día peor que el anterior, cada hora más larga, mucho más larga. No había sentido en nada, todo estaba tan terriblemente claro que quemaba…
Tan solo reiniciar.

jueves, 17 de marzo de 2011

mensaje en una botella

Cómo se nota,
cuando sólo necesitas escribir,
cuando sólo necesitas soltar lastre
y meter el mensaje en una botella
y lanzarlo al aire,
y esperar que llegue al mar.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Todo se iba desmoronando poco a poco, todo se iba cayendo, todo se iba terminando, el mundo se estaba rompiendo. No queda nada, ni avanzar, no queda nada por hacer. Sin escombros que abarcar. Alguna vez tuvo que irse apagando, alguna vez se empezaba a terminar. No es opción permanecer quieta llorando, nunca supo levantarse y caminar.

martes, 15 de marzo de 2011

Renaissance

“Es lo que hay” ¿Y por qué no hay otra cosa?
“Es lo normal” Pero yo quiero algo extraordinario.
Y a veces quieres gritar, y a veces quieres saltar, y a veces quieres saber, y nunca se puede razonar, y quieres que el tiempo se pare y que eche de nuevo a andar, y muy de vez en cuando te planteas como sería aquello de morir y casi siempre hay ganas de llorar.
Pero de pronto estalló la bomba, se incendió el reactor y ya no hay vuelta atrás, y el mundo cambia, no, cambias sin querer, porque la vida es cambio y nada puede pretender que dejes, simplemente de crecer.
Así son las cosas. Buenas noche y buena suerte. Porque al final sólo queda la suerte.
Al final quedas, tan solo quedas tú, porque de pronto tu vida es tuya, el cielo sobre la cabeza, el suelo bajo los pies y empezar de cero sin nada más que la verdad, más que cientos de injusticias a las espaldas, más que la suerte de saber que pase lo que pase y después de todo, sabrás afrontarlo.
Tan solo es transición y mientras transcurre, tan solo es soledad.
Pero quedan cosas por vivir, grandes cosas, extraordinarias y temibles, diferentes y sobre todo, muy lejanas. Y es por la vida que me espera porque vivo. Y de pronto me doy cuenta de que mientras todo explota, mientras todo miente, yo viajo a alta velocidad, no tengo tiempo de mentir, no tengo tiempo de dudar, tengo las cosas claras aunque ni idea de lo que va a pasar. Sólo hay tiempo de atenuar el impacto mientras llega, lo que me interesa y no de pronto es lo que me salvará o no. Y si nada me salva pues estaré mucho más jodida, no me preocupa, no será algo nuevo. Pero yo viajo a gran velocidad, sólo tengo tiempo de cosas simples, enormes y extremas como amar, nada de dudar, ni de fingir ni de engañar, sólo las cosas claras. Darlo todo sin esperar nada, arrojarse al precipicio sin pensar.
Ten las cosas claras si pretendes viajar conmigo.
De nuevo, sólo el cielo sobre la cabeza, de nuevo el suelo bajo los pies. Yo tengo que viajar, como un meteoro incandescente, demasiado rápido para frenar; así que decide rápido, puedes venir a mi lado, o puedes quedarte atrás, no voy a mirar dos veces, no voy a perder tiempo merezcas o no la pena, porque no hay tiempo que perder, porque tengo que empezar a vivir cuanto antes, tengo que empezar sea como sea. De todas formas, ya estaba sola, y en cuanto a mi, queda un sitio con tu nombre bordado. Yo quiero que estés aquí.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Altos vuelos, tremendas caídas

Empezó a barruntar sin querer. Estaba volando muy alto, mucho más alto que nunca aun cuando sus pies seguían pisoteando la dulce y comprensiva carretera. La carretera, que jamás la iba a abandonar, que jamás la iba a llevar a ningún sitio en concreto, que siempre tenía grandes ciudades y luminosos letreros en sus márgenes, que siempre acababan quedando atrás con la promesa de ciudades aun mayores, de carteles aun más brillantes, de lugares aun más extraordinarios.
En ese instante no era bastante la promesa de de la carretera, no servía como aval para cuando todo (bueno, tal vez no fuera todo, pero si era lo único) que realmente la transformaba en una persona feliz, absoluta y ridículamente feliz, se marchara. Cuando su siempre recta y llana carretera no fuera bastante para retenerle, para enjaular algo tan extraordinario.
No era bastante y en el fondo sabía que nunca volvería a ser suficiente, no después de todo lo que estaba viviendo pero en fin, por lo menos estaría y la certeza de que seguiría habiendo una carretera era también la certeza de que podría correr y correr hasta alejarse de la zona cero, y seguir corriendo hasta alejarse del mundo.
Aunque lo negara, ya no sentía la carretera tan firme bajo sus zapatos, llevaba meses sin rozar el suelo y mientras miraba hacia abajo sin nostalgia alguna no podía evitar preguntarse si tal cual ella se había conformado durante años con la carretera y seguiría conformándose para el resto de su vida, tal cual se conformaban con ella. Después de todo, siempre hay algún instante en la vida en que llegas a plantearte que algo es mejor que nada y el eco lejano de una felicidad perdida, aunque encarnado y leve en otra persona, puede llegar a servir hasta que vuelva o hasta que llegue algo aun mejor. Tenía miedo de ese par de circunstancias, aunque las contemplaba como el fin inevitable de sus altos vuelos.
Volvió a mirar a la carretera, intentando denodadamente sentir nostalgia pero no pudo.
“Ojalá estuviese a merced de mis pies y no a merced del viento.” –Pensó-. “El viento, tan obstinado, olvidadizo, caprichoso y traicionero.”

domingo, 6 de marzo de 2011

Demasiado diferente

- La cosa está jodida.

- ¿Y cuando no lo estuvo?

- Pues cuando no pensabas tanto, cuando no pensabas tanto la cosa no estaba tan jodida.

- Bueno, ya es tarde, no suelo controlar hasta donde debo y no pensar.

- Pues deberías hacerlo, al menos por un tiempo… ¿de verdad crees que este es el momento? ¡Mírate! No tienes agallas, te cansarías al primer intento y lo dejarías para más tarde, como haces con todo; verías a todo el mundo disfrutando mientras tú te sacrificas para algo tan nebuloso como tú.

- Pero las cosas cambian, cambiaron ya hace bastante; no podría ya disfrutar como ninguno de ellos y puede que sea algo nebuloso, pero me estoy muriendo y lo necesito. Es muy extraño pero he comprendido muchas cosas, siempre calculo, lo calculo todo y esta vez, cuando pierda, perderé demasiado, no podría soportarlo, ya no podría seguir con mi vida de antes como si nada, de hecho, ya no querría seguir con mi vida de antes; da igual que pasara el tiempo o que dejara de pasar. No estoy lista para perder, aún. Por eso debo prepararme, tenerlo todo listo para cuando ocurra y empezar a amontonar las provisiones.

- ¿Y si no pierdes? ¿Y si lo único que estas haciendo es el tonto pero de forma dramática?

- No, tú lo has dicho, la cosa está jodida; lo has visto, lo has escuchado, lo sientes latir y no precisamente en mi pecho. Lo tengo bastante jodido.

- Me refería a tus aspiraciones estúpidas. Vive lo que te toca, total, el resto lo hace y no les va del todo mal, esperan, siguen, esperan, siguen; se desarrollan casi por casualidad o simplemente no se desarrollan y dejan que el mundo los desarrolle a su antojo. No puedes evolucionarte a ti misma cuando te da la gana, ni decidir lo que el mundo hará de ti, ni calcular cada paso con tanto tino. Haz como hacen ellos, tampoco es tan difícil. Si no puedes volver atrás pues hazte la tonta un rato y ya está, el resto lo hacen y no pierden tantas cosas ni si quiera parece que pierdan el tiempo… no se, ¿por qué no puedes ser un poco más como los demás?

Se hizo el silencio durante unos instantes.

- Parece mentira que yo lo diga pero… Creo que soy muy diferente a los demás, creo que soy demasiado diferente del resto y se que es bueno, aunque ahora me cuesta mucho aceptarlo.

La última noche

Era la última noche, lo sabía, de algún modo (tal vez de algún paranoico modo) lo sabía. Quizá porque aguzaba el oído hasta escuchar el estruendo inexorable de la artillería americana, quizá porque ya no encontraba fuerzas para seguir y hasta él mismo necesitaba un final, fuera cual fuera este. Pero aquella era la última noche y esa era la única certeza que había tenido en mucho tiempo.
Y como estaba tan obstinadamente seguro, como tenía tanto miedo y como sabía que no sólo era la última noche de aquel tiempo, sino la última noche de su vida, la dedicó tan solo a si mismo y a imaginar el momento más feliz de toda su existencia.
Total, ya no tenía sentido negárselo por más tiempo ni preocuparse de nada más, no volvería a vivir nunca, no volvería a pasear por Berlín, no iría de nuevo tomar un trago con sus amigos, jamás vería el mar del sur ni cruzaría los Alpes ni viajaría en avión. Y jamás volvería a verla. Era el final, el último instante de calma, silencio y oscuridad, puede que al morir se volviese loco o tuviese demasiado miedo como para pensar en nada más. Por eso había decidido aprovechar lo últimos instantes de lucidez para si mismo, para ser feliz aun cuando fuera una felicidad imaginada que no había existido.
Cerró los ojos, cerró la mente y el resto de sentidos hasta que pudo escuchar claramente el mar a través de la ventana, a miles de millas, hasta que sintió como su propia respiración pausada y tranquila chocaba contra aquel pelo castaño y se derramaba por su dulce espalda. Y ella se giraba, le daba un beso apenas perceptible y volvía a recostarse con una sonrisa, y esa sonrisa se propagaba hasta él; a la mañana siguiente desayunarían café rápido, con un bollo tal vez, se arreglarían e irían cada uno a sus respectivos trabajos; él llegaría un poco antes a casa, haría la comida para ambos y se sentaría en el comedor a escuchar la radio mientras fumaba, después volvería a trabajar, y poco después ella llegaría a casa, a encontrar una porción de comida caliente. Y es encontrarían de nuevo de noche, y hablarían del día, y se regalarían ese cariño tan suave y dulce, tan huracanado y terrible, tan tremendo y tan inevitable. Y sería así para siempre, junto al mar, con tanta calma, con tanta tranquilidad, con tanta felicidad.
Y esa sonrisa tan absoluta le acompañó hasta su triste realidad
Pero daba igual, aun cuando nunca había estado cerca del mar, aun cuando no había vivido jamás con ella ni había tenido un trabajo más o menos real. Habría dado el mundo entero por haber tenido aquella vida tan simple y tranquila. Pero el mundo no había sido nunca suyo.
Se durmió sin querer y fue el sueño más tranquilo y reparador que había tenido en años, y fue el último sueño de toda su vida.

Catástrofe

Necesitaba estar sola, necesitaba estar sola y no darle explicaciones a nadie y no hablar con nadie y quedarse fumando a las tres de la mañana sentada en un sofá de un cuchitril de alquiler intentando discernir en donde termina la realidad y empieza la pesadilla.
Necesitaba quedarse en silencio durante horas y horas, sola. Necesitaba pasear por Oviedo a horas donde nunca hay nadie. Sentarse en un parque, olvidar el reloj, olvidar todo lo demás. Y lo necesitaba para poder respirar, para poder demostrar a quien fuese que no dependía de nadie más que de sí misma, de nadie en absoluto. Porque si, porque era terriblemente dependiente, porque se aferraba a lo más inconmensurable, se aferraba a cosas demasiado inmensas y complejas para su mente sencilla y mundana.
Y daba miedo, daba miedo porque llevaba demasiado tiempo dejando pasar la vida ante sus ojos, demasiado tiempo ajena a todo, incluso a sí misma, demasiado tiempo manteniéndose al margen, surcando el espacio exterior a velocidades inimaginables con tal de no pensar y de no existir y, sobre todo, de no sentir. Pero se había terminado el combustible, había caído con terrible suavidad a la Tierra, tan terrible y tan liviana que cuando se había querido dar cuenta no podía volver a volar. No era capaz de soportarlo. Marginarse de la vida es difícil y lleva tiempo pero una vez se consigue es tan fácil y tan cómodo que de pronto el proceso de erosión del alma se olvida para siempre.
Perder eso era quedarse desnuda en la nieve. Y hacía frío y daba miedo y no podía volver atrás. Pero necesitaba un plan alternativo, una vía de escape al muy posible desastre que llegaría tarde o temprano. Un desastre que se avecinaba incluso antes de hacerse tan absolutamente evidente como entonces. Y su plan era ni más ni menos que la soledad, que depender de sí misma, que no tener que aparentar, ni que vivir a la manera de nadie. Necesitaba un refugio nuclear y lo necesitaba con urgencia, donde poder llorar a la manera de los niños, donde poder correr por los pasillos y desayunar a las siete de la tarde y tomar el té de las cinco a las cinco de la mañana y fumar incansablemente y escribir en su vieja Olivetti a toda prisa. Ya no había forma de seguir viviendo del mismo modo y dormir por las noches a la vez. Se angustiaba pensando que la catástrofe la volvería a abrazar por sorpresa, que estaba gritando muy alto sin oír su propia voz, que se estaba perdiendo a sí misma, que no era capaz de avanzar...
“Necesito estar sola”-Pensó apurando el cigarro a escondidas- “Cuánto necesito estar sola…”

martes, 1 de marzo de 2011

Aquellos ojos

- Podrías venir conmigo.
Vio su reflejo en aquellos ojos grandes y castaños. Vio su propio rostro pálido, nervioso y asustado y supo, de alguna forma, que aquel era el principio y el final de todo.
No iba a esperar mucho más y había tantas cosas que daban miedo en aquel momento… Daba miedo el futuro, daba miedo perderlo todo y daba miedo confiar y pensar que podía vencer para después percatarse de la inevitable derrota.
Pero en el fondo sabía, que solo tenía que repetirlo para que lo dejara todo atrás. Sólo quería ser feliz, una felicidad egocéntrica y completa, venenosa y absoluta, tan frágil como su piel demacrada, tan intensa que daba aun más miedo que dejar el mundo atrás.
Y solo tenía que repetirlo una vez más porque muy a su pesar, habría sido capaz de perderlo todo, todo menos aquellos ojos castaños. Y era infantil y ridículo pero era demasiado cierto como poder negarlo. En algún momento había perdido el control de todo lo que le rodeaba y de todo lo que sentía, se había ido desbordando poco a poco, sin darse cuenta. Ahora sólo quedaba el miedo. No era capaz de imaginarse una vida sin aquellos ojos, no era capaz de dar una respuesta ni de seguir adelante, el tiempo pasaba muy lentamente y sabía que estaba perdiendo; ya no era suficiente con suplicar un “te quiero”. Tenía miedo porque no sabía lo que era pero algo había cambiado y aun seguía viendo aquellos ojos castaños.

viernes, 25 de febrero de 2011

cartas sobre la mesa

Ya no hay mucho que temer, las cartas están boca arriba mientras el cigarro se muere sin querer.
No hay nada que temer porque en realidad, volvemos a filosofar por tiempos parciales y no existe nada al margen de mí, porque al margen el resto es mentira; sus palabras se entremezclan con las tuyas, los hechos cambian de una boca a otra, todos somos más heroicos de lo que podemos aparentar, todos somos más venenosos y hay que tener en cuenta que ni tan si quiera ahora me puedes engañar, porque somos veneno y antídoto al mismo tiempo, venda y ojos.
Ya no hay razón para confiar ni tiempo para perder confianza, si todo sale mal aun más al margen de mí, mucho más al margen de ti, necesitaré buenos recuerdos. Esta no era la manera.
Pero por fin me doy cuenta de que pase lo que pase, hay manera posible, se trata de radicalizar el pensamiento y a parte de que me mientas, de mentirme.
No hay nada que temer, ¿sabes por qué? Porque ya me tiré por el precipicio, ya nos condenaron a muerte y yo siempre fui como el paciente rabino. No hay marcha atrás, el punto de no retorno quedó demasiado lejos, volábamos tan rápido que ni si quiera lo pude ver al pasar, porque nosotros somos fugaces, y las estrellas fugaces nunca vuelven atrás.
No hay nada que perder, porque no tengo nada que me puedan quitar. Te lo dije, al margen de mi no hay nada y ni si quiera tú eres real. Y no es triste, es tan solo calma porque, hablando a cerca de las realidades, acabo de percatarme de que ya conozco mi realidad. Y mi realidad es que soy solo yo, es que yo si soy real y escapa de mi control la circunstancia, y siempre me lo tomé en serio y lo que tu hagas me da igual, porque yo quiero por los dos, siento por ti y por mi, y te amo y amo por ti, no hace falta que sientas nada, no hace falta ninguna mentira, no quiero ninguna verdad. Las grandes verdades acaban de quedar dichas, y el resto apenas si existe y el resto es una mentira, y el resto siempre me dará igual.

jueves, 24 de febrero de 2011

La echarás de menos

Parece mentira que sea yo quien te lo diga, parece mentira que sea yo quien se percate; por lo menos justo a tiempo y no se que es lo que será, tal vez compasión, tal vez sentido común o simplemente claridad de pensamiento, pero lo veo, y prefiero que lo vea también el resto, y prefiero que sea así, que es mejor en realidad, sufriremos menos. verlo sin ver, saber sin concoer... Tal vez no sea nada o tal vez todo que simplemente es lo mismo que al principio, se termina el cuento, y recomienza el tuyo. Sólo era una discusión más entre cientos, la demicuarta vez y no la última.
Supongo que lo siento

Sabes esos días
cuando todo es tan oscuro
que no puedes pensar
y sientes que ha acabado,
que el camino equivocado ya llegó a su final.

Dile que el silencio que hay entre vosotros
pronto quedará en un despertar.
Dile que esa imagen que hay en tu cabeza
será la que te haga madrugar.

Para a respirar y piénsalo mejor...

Piensa que si un día ella no está
echarás de menos hasta
su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.

Deja ese momento en el cajón de los recuerdos
y recuerda su olor.
Y piensa en esas cosas que la hacian maravillosa
y que están en tu interior.

Piensa que si un día ella no está
echarás de menos hasta
su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz.
Su caminar, su despertar, su forma de hablar,
su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz

martes, 22 de febrero de 2011

El cuento del miedo

A veces soñaba –soñaba entonces- con tener una vida absolutamente diferente, cambiarlo todo por completo empezando por haber plantado cara a su profesor con cinco años para defender sus bonitas “eles” de niña pequeña y terminando por sabe Dios que.
Sin embargo, eso ocurría muy, muy pocas veces. Curiosamente, lo que más solía soñar era con no tener miedo, porque estaba segura de que le podrían ocurrir cosas extraordinarias si dejara por un instante de tenerlo.
Pero era imposible porque, aunque se jactaba de tener valor para determinadas cosas, lo cierto es que vivía aterrorizada la mayor parte del tiempo.
De no estar tan asustada –pensaba- podría haberse largado hacía ya bastante y no temer tanto saber que, de largarse, perdería lo más similar a una familia que había conocido jamás, no podría volver nunca y si todo salía mal se quedaría mucho más sola, más desamparada y más triste que al principio.
Si fuera valiente, o aun mejor, osada; no necesitaría a nadie a su alrededor y dejaría de dolerle tanto saber que no había una mullida red de seguridad sobre la que caer al tropezar, que no había nadie a las doce ni tampoco nadie a las seis. Podría confiar en la gente, porque lo que más temía de la confianza era perderla, y sin ese temor sería capaz de cualquier cosa; pero su frágil corazón no habría podido soportar confiar en alguien para después perderlo, demasiado insoportable y terrible.
Tampoco se permitía, debido a ese miedo lacerante, soñar con el futuro que en realidad quería y mucho menos soñar con incluir en él a la gente a la que quería, porque temía soñar y soñar para no cumplir nada, temía incluso pensar en ellos y perderlos después. Temía. Temía. Temía… Nunca dejaba de temer.
Le entristecía percatarse de que había aprendido a convivir con el miedo, de que era él su único apoyo, era su familia, su confidente, su gran amigo, hablaba tanto con él por las noches que no podía dormir y detestaba compartirlo. El miedo era todo lo que le había dado la vida tras casi veinte años, todo cuanto tenía, y aunque siempre soñaba con perderlo de vista en realidad no estaba tan mal, después de todo, le había enseñado a ser precavida y le había ahorrado grandes golpes.
Sabía que aun quedaban algunos años para que se hiciera tan, tan grande que ya no le cabría dentro, y mientras esperaba por ello se dedicaba a soñar con perderlo y, ¿cómo no? A seguir teniendo miedo.

viernes, 18 de febrero de 2011

Los únicos consejos que te puedo dar son estos: no te tomes nada en serio, ve un paso por delante, el fin justifica lo medios, nunca tengas miedo, calcula siempre tus probabilidades y antes de dejarte engañar estate dispuesto a engañar tú, jamás confies en nadie y muchísimo menos en mi.
Los viejos tiempos no estuvieron mal, ahora hay que mirar hacie delante, ten fuerza y recuerda que estamos solos en esto, cada uno por su lado, no estoy aquí para ayudarte.

Tú y yo en un coche en pleno invierno
Tú y yo empapados en un portal
Tú y yo pasando por un mal momento
Disimulando a ver quien puede más

Tú y yo de marcha somos un trueno
Tú y yo en la cama un volcán
Tú y yo hacemos lo que queremos
Y no queremos ser como los demás

No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás

Tú y yo cansados de tanto tiempo
Tú y yo salidos en un bar
Tú y yo mintiendo cada momento
Partiéndonos el culo del azar


Tú y yo saltando en algún concierto
Tú y yo abortando en un hospital
Tú y yo tan solos en este desierto
Y no queremos ser como los demás

No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás

No hay mundo perfecto
Que nos consiga conquistar
La mierda, lo cierto,
Es que nos une un poco más


No queremos ser como los demás
No queremos ser como los demás
Como los demás
Como los demás

jueves, 17 de febrero de 2011

Odio

Es curioso, como se puede llegar a odiar a alguien sin tan si quiera conocerlo; de pronto ocupa tus pensamientos, alarga tus días, devora tus sueños, puebla tus pesadillas, arrastra tu vida.
Es curioso, como el odio lo llena todo, te absorbe por completo, no deja nada, es un veneno.
Es extraño ver siempre su rostro tras el tuyo en el espejo. Y siempre es ella algo más alta, algo más bella, algo más fuerte, más delgada, más brillante, resplandece, siempre coherente, ingeniosa y lista, inteligente, algo más, algo mejor mientras tú nunca eres suficiente. Sonríe, con esa sonrisa deslumbrante.
Jamás te querrá como a mí, jamás le conocerás como yo, él siempre me está esperando, tú eres nuestro peón.
Y ríe mientras se desvanece, con esa risa de cascabel.
Tú nunca serás bastante.
Es muy curioso, sólo porque exista se termina la esperanza, sólo porque exista… sólo existe el rencor, y las ganas de hacer daño, que duela, que les duela casi tanto…
¿Dónde queda el amor? El amor queda con ellos a buen recaudo donde siempre debió estar, a ti te dejan el dolor, la envidia, el odio… como siempre, lo peor.
Algún día también les dolerá
Intentas creer mientras sangran las heridas, siempre sangran sin cesar y sin embargo sabes que es mentira tanto a ellos como al resto lo que puedas sentir siempre les dio igual.

martes, 15 de febrero de 2011

El pájaro no vuela, tiene las alas rotas

Media Verónica despierta
le molestó la luna
por la ventana abierta.

Llegó una carta desde el frente
el cántaro se rompe
y se secó la fuente.


Va a decidir qué hacer cuando despierte del todo
y borrar con la mano lo que ayer
escribió con el codo.


Habrá que ver
si la crónica Verónica reacciona;
La Verónica mitad
tiene muy poca maldad
pero está cansada de esperar.

Media Verónica está rota,
no tiene muchos años
pero le hicieron daño

rompió una lanza por la risa
pero no tiene prisa
y se ríe muy poco.

No va a saber qué hacer
cuando no sople más viento
no sabe distinguir el amor
de cualquier sentimiento.

Quiere vivir
una vida diferente cada día.
La Verónica mitad
está en la flor de la edad
pero está cansada de esperar.

En la ventana hay una nota:
"el pájaro no vuela
tiene las alas rotas."

Media Verónica lamenta
que el tiempo se consume
y lo demás no cuenta.


"La vida es una cárcel con las puertas abiertas"
Verónica escribió en la pared con la tripa revuelta.
Nada que ver;
no habrá flores en la tumba del pasado.

La Verónica mitad
dice siempre la verdad
pero está cansada de esperar.


Media Verónica, Andrés Calamaro

martes, 1 de febrero de 2011

Territorio hostil

Al menos le quedaba escribir, era un extraño consuelo para una persona extraña. Pero era suficiente. Tan sólo con el papel en blanco, con la Olivetti del 98, bastaba para seguir, bastaba para soportar.
Las personas mienten, engañan, tergiversan, maldicen… la vida se hundía, pero volvía a reconstruirse con rapidez tan solo con teclearlo. Y todo parecía mejor cuando sonaba la música armoniosa de las teclas, y cuando sus dedos golpeaban el metal era como si se diera leves golpecitos al corazón, para ayudarlo a seguir latiendo o quizás en la garganta para empujar ese nudo que la iba bloqueando más y más.
Mientras quedara papel, quedarían historias que escribir, mientras quedaran historias que escribir, quedaría esperanza.
Sinceramente, todo se estaba yendo a la mierda, y aunque solía considerarse una persona reservada, solitaria y bastante independiente; jamás había sentido una soledad como la de entonces, una soledad tan vacía y tan oscura, realmente ya no quedaba nadie, esta vez si que no quedaba nadie. ¿Familia? Mismamente era su familia la que había empezado con aquello, ellos habían sido los primeros en largarse, ¿Amigos? No, se intentaba aferrar a ellos especialmente pero no podía dejar de darse cuenta, no sin cierta tristeza, de que existían tan sólo en las historias de fin de semana, de que eran lo que siempre había querido ser, gente con un suelo sólido bajo sus pies, gente que anda segura por el mundo.
Tenía la impresión de que era como un marinero prejubilado, que camina por la tierra añorando el mar, su tranquilidad, su seguridad, su franqueza y para el que la tierra firme es territorio hostil. Todo lo que le rodeaba era un territorio hostil al que tendría que enfrentarse durante el resto de su vida pero al menos, le quedaría escribir.

lunes, 31 de enero de 2011

Un mes

Se quedó pensando, mientras fumaba un cigarro con calma, que ya no le quedaba nada, al menos nada que fuera a durar lo suficiente como para considerarlo en aquellas circunstancias. Apenas un mes no era bastante, en conclusión, en apenas un mes recorrería las calles (con un poco de suerte, de esa que no solía tener, fumando un cigarro parecido al de entonces) sin ánimo de volver a casa, porque no habría casa a la que volver.
En apenas un mes puede que todas esas personas a las que se aferraba tan denodadamente ya se hubieran escurrido entre sus dedos, sólo sería un curioso recuerdo en sus mentes, ocupadas y trepidantes. De los que había conocido siempre tampoco iba a quedar mucho, después de todo, eran habitantes de las madrugadas del sábado a las que pronto dejaría de tener acceso. Si, a ellos tampoco les quedaría más que un vago recuerdo entre nubes de alcohol y de incienso barato. Nada que decir del resto, que tan sólo eran restantes en su vida. Ese era el problema de la gente como ella, exigente pero sin suerte y desgracia para exigir. Sólo la gente que le interesaba, cómo si alguna vez hubiera tenido opción de decidir con quien y no juntar su camino. Debería haberse arrimado a todo el mundo con esa sonrisa resplandeciente, con esas ganas de agradar y esa música constante resonando a través de sus costillas, un corazón al ritmo de Slim Gaillard y John Lydon en armonía perfecta.
Pero optó por hacerlo a su manera, a su extraña y dulce manera, por ver sus películas de los años 30, por escuchar su música desconcertante, por vestir su ropa estrafalaria, por juntarse a quien de un modo u otro llamaba su curiosa atención.
Y ahora ese era el resultado, pronto no iba a quedar nada, pronto todo habría sido inútil y tendría que empezar desde cero de un modo casi literal. Todo tirado a la basura sin opción de reciclaje. Sin embargo prefería fumar y fumar a llorar por algo que no tenía remedio. Todo se pierde, pensaba, nada ni nadie dura para siempre y las palabras tan sólo tienen valor para aquel que las escucha, y la sangre vale lo mismo que el vodka barato y el amor es tan sólo la ilusión de quien lo vive. Al menos, cuando ya no tenga nada tampoco tendré nada que perder.

miércoles, 26 de enero de 2011

En llamas

A veces ocurre, simplemente pasa, cuando sigues ardiendo y el mundo se consume; no hay gran cosa que puedas hacer, se apaga y toda tu música y todas las palabras no son bastante, nada de lo que puedas decir o hacer basta.
Mientras llameas ridículamente en tu cubil el resto se termina.
Lamentarse parece que tampoco es suficiente, aun queda el orgullo silencioso de seguir ardiendo y la nostalgia de consumirte para no seguir sufriendo.
Es extraño pensar que alguna vez ardió contigo y aun mas extraño imaginar porqué dejó de arder, si tal vez le asustó el fuego o si nada de aquello sucedió. Tal vez sea mejor no recordarlo, no pensar y no creer, y jamás arder de nuevo. Permanecer mientras recoge sus cenizas y se marcha para nunca más volver. Esperar mientras parece que las llamas empiezan a quemarte, realmente todo empieza a doler y aunque parezca tan falso como sus mentiras, lo que más duele es saber que no va a regresar.

jueves, 13 de enero de 2011

Lucía (capítulo I)

—¿Os acordáis de aquella chica?
—¿De quien?
—¡Lucía! ¡La que se prendió fuego a los pantalones encendiendo la chimenea!
—¡Ostia si! Lucía, vaya personaje… ¿Qué fue de ella? ¿Dónde está ahora?
—Que me aspen si lo se, que me aspen si alguien lo sabe.
—¿No hay noticia alguna de ella?
—Nada en absoluto, se que conoció a un chico, estaban muy enamorados, ella por lo menos lo parecía pero con Lucía era imposible saber estas cosas, podía haber sido un simple capricho. Lo que si es seguro es que estaba muy ilusionada, pero él… bueno, a él no llegué a conocerlo, dudo hasta que Lucía lo conociera realmente.
—¿Y que pasó? Era tan rara…
—Pues eso pasó, que ella era rara, desconfiaba y se sumía en si misma, como hacía con todos nosotros.
—Era una acojonada de la vida.
—Exacto, incapaz de creer una sola palabra, así era ella, se entregaba por completo pero después cuando volvía a casa se consumía preguntándose que vería él en ella, por qué iba a quererla teniendo otras opciones, una vida hecha… además eso, habría tenido que esperarla dos años al menos y dudaba que pudieran llegar a quererla lo suficiente como para paralizar una vida durante dos años.
—¿Nunca le contó nada de esto? ¿Ni si quiera le preguntó por qué la quería?
—Creo que algo hubo, pero no debió de quedar muy conforme con la respuesta o ni si quiera llegó a tragársela, además os estoy diciendo que el tipo la traía loca, no se habría arriesgado a perderle saturándolo con sus pensamientos, ya sabéis como era.
—No entiendo como alguien que usaba tanto la cabeza como Lucía pudiese menospreciar tanto sus propias ideas, sus pensamientos…
—¡Sus sentimientos querrás decir! Como si no tuviera personalidad… ¡Ella! Por el amor de Dios…
—Si, bueno, ¿y que coño pasó con ellos?

lunes, 3 de enero de 2011

Día siguiente

Tenía ganas el día siguiente, de saber y no saber, simplemente del mañana y de poder observar el mundo con perspectiva. Pero no se hacía ilusiones porque las ilusiones eran tan frágiles como el cristal, era precavida. Por eso en parte necesitaba que corrieran los días y comprobar si había algo de verdad en todas sus palabras, si aquella tarde había cambiado su vida como pensaba que lo había hecho. Hay que ver lo mucho que puede afectar saber que hay alguna persona en el mundo que estará siempre contigo, duele menos la espalda, se hace fácil caminar y sobre todo, se hace fácil volver a casa. Siempre luchando y saber que es por algo hace que la lucha en si misma cobre sentido y el resto de cosas a las que se agarraba para no caer en su propia vida se vuelvan tan irrisorias, tan irrelevantes… Que al final daba igual todo y al final, tras mucho esfuerzo, veía una vida tras la niebla, su propia vida. Parece mentira, pero necesitaba oírlo, necesitaba que alguien le dijera que era suya, única e irrepetible. Ya lo había oído, alto y claro, ahora lo que hacía falta era que esa vida mereciese la pena. Iba a ser duro, porque quería muchas cosas y quería amucha gente, y no podría conseguir ni las cosas ni a la gente, iba a tener que hacerse fuerte y que soportar con paciencia todo lo que estaba apunto de perder, pero sabía que merecía la pena perderlo, porque aun más merecía la pena haberlo tenido aunque solo fuese por un tiempo.
O quizá no, quizá le dolía la cabeza esa noche y no podía pensar, tal vez solo necesitase creer en algo para poder dormir tranquila, tal vez todo fuese mentira y todo siguiese igual, puede que hubiese metido la pata hasta el fondo como siempre en todo lo que había hecho y seguramente debería volver atrás, a encerrarlo todo en su cabeza, donde nadie pudiese dañarla. Si, sería lo mejor y volver como antes, y no creer a nadie ni a nada y amar desde lejos y medir las palabras. Sólo quería dormir, resetearlo todo, el mundo le daba vueltas, sólo quería cerrar los ojos.