viernes, 29 de enero de 2010

Corre

Corre, escapa no mires atrás, la vida te persigue sigue corriendo o te alcanzará, no mires no quieres ver lo hermosa que podría llegar a ser, es su cebo, es tu perdición, sus dientes, demasiado afilados, no te dejarán, no saldrás con vida.
Escóndete, aquella esquina podría estar bien. Aun te busca, recupera el aliento y ponte a pensar. No quieres que te encuentre, no quieres volver, es tan bonito vivir sin la
vida. Quizás bonito no sea la palabra, tal vez sea simplemente apacible, es como ser una estatua, es como ver sin ver, sin querer.
Así que no quieras que te encuentre, no merece la pena, sólo recuerda que ocurrió la última vez que ella clavó sus dientes. ¿Cómo fue?
Al principio, como todo, pensaste que era perfecto, que no lo querrías cambiar, tenías todo cuanto eras capaz de desear. Recuerda que estudiabas, nunca demasiado, pero siempre lo suficientes, recuerdas la emoción antes de los exámenes y el alivio al ver una nota aprobada, ¿recuerdas lo que decías, siempre entre sonrisas, de los que sacaban mejores notas que tu, algo que por otra parte no era difícil? << No pasa nada, nosotros tenemos vida social>> Y ahora recuerda, ¿por qué decías nosotros? Así, porque había un “nosotros”, no estabas sola, había gente a tu alrededor de la que estabas muy segura, solías pensar en ellos como amigos. Que osado por tu parte. ¿Recuerdas el momento en el que pensaste que aquella gente se interesaba por ti? Ese fue el principio del fin, de la decadencia que te llevó a escapar.
Contén esas lágrimas por favor, la vida te encontrará si oye sollozos.
Y tú confiaste en ellos, te apoyaste en ese amor envenenado de unas personas que tarde o temprano te iban a fallar, era inevitable y lo peor es que tu ya lo sabías pero te permitiste el lujo, siempre demasiado caro, de pensar que tal vez no te fallarían. Gran error por tu parte, uno más de tantos.
Al final sólo te limitaste a caer con el extraño consuelo de no conocer el amor, si no tal vez la caída habría sido más rápida y el golpe más fuerte. Aunque ahora te percatas de que tal vez habrías preferido una caída rápida y un golpe seco, antes que este lento perecer. ¿Cómo fue el final? Pasaste de creerte su amiga a darte cuenta de que no eras más que un triste monigote. Ríes sus gracias, les cuentas tu insulsa vida y ellos te dedican sus insulsas respuestas, pones buena cara a sus insultos para que no se enfaden contigo porque después de todo cualquier cosa es mejor que estar sola, les das consejos bienintencionados a las pocas cosas que sin querer te dicen acerca de sus vidas, sales con ellos y soportas estoicamente el hecho innegable de que no te aprecian en lo más mínimo, que preferirían no haberte conocido, que te mientan con tal de no hablar contigo.
Eso es lo que pasará como la vida vuelva a morderte, te lo aseguro no quieres que pase. Así que escóndete, bebe, fuma, vuelve sola a casa de madrugada, cruza los semáforos sin mirar si están en rojo o en verde, quizá todo termine antes de ese modo, quizá sea lo mejor.

miércoles, 27 de enero de 2010

Mundo Frágil

Se ha cerrado el kiosko,
que oportuno el personal,
ha quedado todo atrás.
Olvidé lo obvio
y le dí una vuelta más

hasta hacerte rabiar.

Todo empieza a enrrojecer,
tiemblas sólo con mirarlo,
ya no sabes lo que es
ni cómo llamarlo.


¿Quién puede decir que no
es fácil pedir perdón?
No existe la solución
en este mundo frágil.

Mentirte era rock and roll
oculto en cada rincón;
abróchate el cinturón
... mejor.

Con los huesos rotos
sólo duele ver que ya no estás,
que no miras atrás.
No dijiste todo
y olvidaste preguntar.

Yo nunca quise escuchar

Se acabó el atardecer,
ya llegó la noche triste
con su triste anochecer
¿Para qué negarlo?

¿Quién puede decir que no
es fácil pedir perdón?
No existe la solución
en este mundo frágil

Mentirte era rock and roll
oculto en cada rincón;
abróchate el cinturón.
Y dime que no me dejarás
una vez más,
colgado en el altar.
Creo que tirabas a matar

¿Quién puede decir que no
es fácil pedir perdón?
No existe la solución
en este mundo frágil


Mentirte era rock and roll
oculto en cada rincón
abróchate el cinturón
... en este mundo frágil


Mundo Frágil, Sidecars.

martes, 19 de enero de 2010

Error

Volvimos sin volver, como despertando de un sueño, ni demasiado bueno ni demasiado malo, solo algo distinto que pareció vivido al menos un tiempo.
Regresaré a aquel lugar. En el fondo, creo que lo echaba de menos, creo que nunca estuve del todo preparada para salir; por eso volver no me da tanto miedo. Este tipo de soldad tan familiar ya no me asusta tanto como antes, tal vez sea la costumbre de haber vivido siempre aquí. Volveré a mi viejo rincón, subiendo y bajando el telón, tras las luces, tras el rock; admiraré la vida de nuevo, intentando olvidar que por un momento creí vivirla también.
Y tu volverás a tu rol, de extraño seductor; buscando amor entre las nubes y se que lo encontrarás, eres el tipo de persona que me puedo imaginar siendo feliz. Es difícil no quererte, no verte entre una multitud, podría reconocerte en cualquier parte. Es fácil imaginarte de la mano de un modo despreocupado y natural, rodeando hombros con el brazo, dejando escapar un sutil “te quiero” con una intensa mirada de esos ojos castaños. Es fácil verte rodeado de gente que jamás te va a fallar, que nunca te va a mentir que jamás te dejarán caer aunque tengan que morir por ti. Eres el tipo de persona que posee esa rara cualidad magnética que es capaz de hacerte protagonista de la más maravillosa historia de la vida.
Eres ese chico que siempre tropieza accidentalmente con la suerte, al que parece que nada puede salir mal.
Pero yo soy solo yo, con mi mala suerte y mi torpeza, con inexistente belleza, con mi embotamiento normal, con mi pelo sin lustre, con mi cuerpo enfermizo y mis ojos encontrados. Yo tengo esa cualidad que consigue volver ajada al instante la prenda más nueva. Tengo la infalible capacidad para volver una sonrisa, en mi rostro, en una mueca casi grotesca. Fue estúpido por mi parte pensar que yo podía dejar de ser yo para ser algo normal, pero cabe esperar estupideces de los estúpidos, así que en el fondo me lo esperaba. Fue una dulce trampa que ahora clava sus dientes cada vez con más fuerza. En fin, que decir, merezco el dolor, el dolor terminará y sólo quedará el eco y tras el eco, no habrá nada más que el ruido de las cuerdas al deslizarse entre poleas.
Al menos queda la penumbra, que cubre tus ojos al cruzarnos, para que no veas más que una sombra difusa y renqueante, para que no oigas más que mi voz tomada y discorde saludando sin esperar respuesta. Me queda el consuelo de que no importa lo que haga, o lo que deje de hacer, a nadie le va a importar y aun mucho menos a ti.
Como ya he dicho, hemos vuelto a nuestro justo lugar, el mundo nos puso en el sitio que nos correspondía. Corre chico, llegas tarde a la función y tú tienes el papel principal. Te miro desde el rincón, ya me has olvidado, y sonrió. Es el curso natural de las cosas y si yo no fui nadie para formar parte en él, aún menos lo soy para intentar oponerme a su dictado.
En el fondo no está mal, es cuestión de acostumbrarse, al final terminas por confundir la angustia y la ansiedad con un dolor de garganta, las lágrimas con el humo de tabaco y el frío de no tener a nadie con el calor tibio de una manta y un sofá horas y horas ante un televisor que adormezca el cerebro durante el mayor tiempo posible. La cuestión, todos los días, es retrasar ese momento en que la oscuridad se cierne justo antes de que lo haga el sueño y un pensamiento, como una saeta, me atraviesa. “¿Y no será un error que yo esté aquí?”