viernes, 30 de abril de 2010

Por la cuerda

No lo entiendes, tú ves el mundo desde tu rincón particular, desde tu punto de vista, y eso es muy peligroso, demasiado peligroso. Te arrepentirás, te darás cuenta de que cometiste el error más grave y ya será tarde.
No puedes caminar por la cuerda más estrecha, por la cuerda más alta y todo porque quieres que te salve, porque necesitas que te salven, no es la mejor manera, es la peor manera, no conseguirás más que alimentar tu propia tristeza porque lamento decírtelo pero tal vez nadie te lo diga nuca, después de todo dudo que nadie suponga cuales son tus intenciones… Él no va avenir, no te salvará, ni esta vez ninguna vez. No te sujetará si caes, no se preocupará si lloras, no querrá poner una sonrisa en tu rostro, no se fijará en tus gestos, no se dará cuenta y no podrás culparlo por ello.
Te vas a perder, y no encontrarás el camino de vuelta a casa. Te perviertes esperando que él te saque de todos los líos en los que te acabas metiendo cada día, esperando que venga a rescatarte, pero él no es nada más que un chico normal, no va a hacer nada. No te llevará a casa, aun contra voluntad, cuando estés muy borracha; no se quedará contigo en todo momento, no escuchará extasiado tus palabras, no será lo que esperas porque en el fondo no es nada, solo es una mirada, un sueño demasiado frágil y tan solo tuyo.
Lo único que conseguiste fue decepcionarle y confundirle, nada más, y solo sirvió para dar muchos pasos hacia atrás, para terminar de congelar el mundo entre vosotros.
Ni si quiera le conoces, ni si quiera te conoce y si te conociera probablemente serías su gran decepción, eso si no lo eres ya.
No le convienes y eres absolutamente consciente de ello. Sois tan diferentes, el es bueno y tu… tú vas por un camino muy distinto al suyo.
Su senda es recta, despejada, es como un camino de tierra caliente en verano, la hierba es alta y de un verde intenso y brillante, el viento es fresco, huele a sol y a naturaleza; su senda es recta, hay algún árbol que da sombra en un día de calor, sólo se oye el viento y el sonido de una carrera rápida y sana, de una respiración acelerada, el aire es limpio, el cielo azul, algunas nubes altas… Y tu camino es de piedra, tu cielo es gris perla, hay vasos rotos, malas hierbas, es una cuesta interminable y no hay hierba solo asfalto frío, desprovisto de vida y de calor, sólo hay frío.
Él no te invitará a recorrer su senda, no te extenderá la mano con una sonrisa ancha y sincera.
Es tarde para ti, para conseguir que alguien como él se fije de algún modo en que al menos en el fondo de tus ojos queda algo, algo que también recuerda al verano. Ni si quiera estas palabras conseguirán lo que buscas, y lo sabes, no cambiará nada en absoluto y además, ya es tarde.
Ardisteis en noviembre y el fuego era tan intenso que en diciembre os consumisteis, quedaron rescoldos que tu misma te encargaste de pisotear, ¿y ahora esperas que quede algo? No hay tiempo para que quede nada, el viento se llevo la ceniza hace ya mucho y cuando llegue septiembre no volveréis a arder, arderás tu sola por hereje y él te mirará desde la plaza, negando con la cabeza, y querrás arder aun más deprisa porque ni si quiera serás capaz de soportarlo.
No me mires de ese modo, no os queda el verano, el verano es un tiempo maravilloso tanto que se olvidará de ti, que no eres maravillosa, y eso si aun hoy te recuerda.
No puedes aspirar a él y lo mejor es que te des cuenta ahora, que dejes de hacer todas esas estupideces peligrosas antes de que tengas un problema real, afróntalo antes de que te duela mucho más de lo que ya te duele.
Ella bajó la mirada, admitiendo la razón que se desprendía de cada una de sus palabras, era lo mejor y sin embargo, seguiría con su loco plan para llamar su atención, aunque sabía que no conseguiría nunca lo que se había propuesto. Caminando por la cuerda más alta y mas estrecha, andando por el medio de la carretera más peligrosa, en un callejón de noche… Haciendo todas aquellas irresponsabilidades se sentía mucho más cerca de él de lo que se había sentido jamás.

jueves, 29 de abril de 2010

Y siento que mi vida fracasó

Nunca he sentido igual una derrota
que cuando él me dijo: se acabó.

Nunca creí tener mi vida rota,
ahora tan sólo arrastro mi dolor.

Y mientras en la calle está lloviendo,
una tormenta hay en mi corazón.
Dame otro vaso, aún estoy serena,
quiero beber hasta perder el control.

Cuántas noches soñé que regresabas
y en mis brazos llorabas por tu error,
luego un ruido del bar me despertaba
y la que lloraba entonces era yo.


Y mientras él está con otra chica
mis lágrimas se mezclan con alcohol,

él se marchó, ¿por qué no me lo dijo?
Y siento que mi vida fracasó.

Y mientras en la calle está lloviendo,
una tormenta hay en mi corazón.
Dame otro vaso, aún estoy serena,
quiero beber hasta perder el control.

Quiero beber hasta perder el control.




Quiero beber hasta perder el control, Los Secretos.

domingo, 25 de abril de 2010

Se deshizo poco a poco frente al espejo, rozándose el rostro con la yema de los dedos al entender que ella era tal y como se veía en aquel cristal pulido. Que nadie la veía de otra forma, que no había una persona en el mundo para la cual ella fuese diferente, no tenía nada de especial, nada que brillara con una luz distinta.
Tan solo deseaba no saber todo acerca de sí, deseaba que hubiera alguien, una única persona que supiera más de sí misma de lo que ella sabía, alguien que le dijese:

No sabes lo maravillosa que eres.

Si puedes amar,también puedes ser amado
sólo es cuestión de tiempo.


Demasiado tarde

Cuando se quiso dar cuenta ya era tarde, ya estaba demasiado perdida, demasiado absorta. Sólo escuchaba canciones que jamás habría querido escuchar, porque sabía nadie las pensaba cuando pensaba en ella, sabía que les habían separado sin conocerse; a ella y a quien quiera que fuese que cantaba.
No había forma de regresar al principio porque, después de todo, ¿cuándo había empezado aquello? ¿Cuándo había comenzado a perderse en sí misma? Ahora no quedaban más que la certeza y el veneno. Ambas cosas demasiado dispares y, a pesar de ello, indisolublemente unidas. La fragilidad y la fuerza. El miedo y la osadía.
Apenas reunía fuerzas para pensar, sólo algunas noches… Y la tristeza invadía todos sus pensamientos como el agua colándose entre los resquicios de una presa a medio derruir. Nadie la echaba de menos, lo notaba. No era encantadora para nadie. No era el mundo de ninguna persona, y habría dado lo que fuera por ser; por ser para él, fuera quien fuese ese “él” aun por definir, lo mismo que “él”, encarnado en el amor en toda su extensión, significaba para ella.
Y aunque lo deseara con todas sus fuerzas, le parecía imposible, casi ridículo, era algo que no existía, lo sabía porque, a pesar de su juventud y de su inexperiencia, había buscado el amor por todos los recovecos de cuanto había a su alcance, y tan solo había encontrado heridas. Cada vez más profundas, cada vez más infecciosas. Habían roto su dulzura, su luz y su ambición, y no quedaba nada más que la coraza hueca de la ironía y de una inteligencia falsa y desordenada.
Estaba lo suficientemente herida como para saber que no debía volver a intentarlo.
Por eso se entristecía por las noches, noches de soledad como aquella, porque después de todo, de tanto daño soportado, no había encontrado absolutamente nada, se había convertido en algo que jamás había querido ser y, ¿para que? Para nada en absoluto, para ver como sus sueños se desvanecían entre los vapores del alcohol y el humo ensortijado del tabaco. Quedaba tan sólo un atisbo de luz, pero no era lo bastante grande como para tomarlo a consideración, porque ella sabía que terminaría por apagarse, un día u otro, la decepción aniquilaría aquel pequeño punto de esperanza que emanaba de esa sonrisa de niño travieso, de esos ojos claros, de esa risa diáfana, de esas manos grandes… Sería otra herida más que acabaría destrozándola sin que hubiese nada que pudiese hacer al respecto, más que tener la certeza de ello, más que esperarlo con dócil resignación. Respiró hondo, notando el mundo más cerca de pronto, aquello debía de ser lo que sentían los condenados al dirigirse hacia el patíbulo. Ella era una condenada más, su sentencia estaba próxima y tan solo restaba esperar.

domingo, 18 de abril de 2010

Maldita Dulzura

hablemos de ruina y espina
hablemos de polvo y herida
de mi miedo a las alturas
lo que quieras pero hablemos

de todo menos del tiempo
que se escurre entre los dedos

hablemos para no oirnos
bebamos para no vernos
hablando pasan los dias
que nos quedan para irnos
yo al bucle de tu olvido
tu al redil de mis instintos


maldita dulzura la tuya
maldita dulzura la tuya
maldita dulzura la tuya

me hablas de ruina y espina
te clavas el polvo en la herida
me culpas de las alturas
que ves desde tus zapatos

no quieres hablar del tiempo
aunque este de nuestro lado
y hablas para no oirme
y bebes para no verme
yo callo y rio y bebo
no doy tregua ni consuelo
y no es por maldad lo juro
es que me divierte el juego


maldita dulzura la mia
maldita dulzura la mia
maldita dulzura la mia

maldita dulzura la nuestra

sábado, 10 de abril de 2010

Plaza del Sol

Parecía que el tiempo era diferente, que se había detenido, que había vuelto atrás, a una época distinta o tal vez a una época que jamás había existido, pero ambos lo notaban. Mientras ella bajaba hacia la plaza buscándole con la mirada, él esperaba verla aparecer en algún instante calle abajo, con los ojos inquietos al pensar que tal vez nunca fuera a aparecer.
El suyo era un amor extraño, diferente e incomprensible, como todos los amores, único.
No sabían sus nombres, ni si quiera su edad, lo que hacían durante la semana, las películas que veían, la música que escuchaban, de hecho ni si quiera sabían como era el sonido de su voz y sin embargo todo parecía dejar de importar cuando sus ojos ansiosos chocaban, de un extremo a otro de la plaza, estableciendo una conexión irrompible e íntima entre ambos.
Y se miraban hasta que sus amigos los arrancaban de aquel instante por entero suyo y la noche proseguía y el tiempo volvía a fluir.
Sabían que podrían acercarse el uno al otro, saludarse con sonrisas diferentes, presentarse y tal vez intercambiar un beso o dos pero la magia se rompería entonces y la ilusión llegaría a su fin. Era tal el miedo que les producía a ambos romper ese sueño maravilloso, que no les permitía dar un paso al frente y terminar con aquella emoción incandescente que les embargaba cada noche y les impulsaba a salir de casa y a vivir como debía vivir cualquier mortal, como si cada día fuese su último día en el mundo y mañana todo pudiese cambiar.
Ella era consciente de lo que ocurriría. Había pasado toda su existencia persiguiendo sueños con el ahínco suficiente como para verlos cumplidos y sabía que un sueño al cumplirse desaparecía y perder un sueño era como perder parte de su vida; necesitaba algo que perseguir con la fútil esperanza de conseguirlo, pero sin lograrlo nunca porque, ¿Qué tendría entonces? ¿De que servía un sueño cumplido? Eran noches como aquella las que le recordaban que los sueños no estaban hechos para cumplirse, sino para ser soñados. Un sueño convertido en realidad no servía de nada, podía ser una decepción, podía ser lo esperado pero nunca podría volver a ser la emoción infantil de los sueños.
En cuanto a él, pensaba exactamente lo mismo y además, tenía miedo, porque ella le había visto en ocasiones con otras, porque le aterrorizaba pensar que ella solo quisiera ser una más, un beso más, de una noche cualquiera, porque la necesitaba tanto como respirar, necesitaba creer que era diferente al resto, que era tan única como solía imaginarla siempre hasta el momento en que sus ojos se cruzaban y dejaba de pensar por ese eterno instante. Quería creer que era distinta y le aterrorizaba que pudiera ser igual, porque no podría amarla entonces y sin amor, la vida parecía carecer de sentido, parecía pasar demasiado inadvertida; él necesitaba un amor real y único.
Y solo seguiría siendo único mientras quedase reducido a aquellas miradas, mientras no fuera pronunciado en voz alta y no quedara corrompido por el mundo de lo aparente, aquel amor necesitaba seguir siendo una idea para poder ser absolutamente perfecto. Y ellos lo seguirían pensando, se seguirían buscando para siempre en la Plaza del Sol o en los antros a los que solían acudir, mantendrían la vista alerta por si el otro aparecía de improviso, la sonrisa presta de complicidad absoluta preparada para regalarla solo a su verdadero amante.
Se querían, era indudable, y para el resto de la gente que caía en la cuenta de esos dos pares de ojos clavados certeramente el uno en el otro, ambos estaban echando sus vidas a perder, manteniéndolas en suspenso por una mirada en lugar de estar juntos por el tiempo que estuvieran; y eso era precisamente lo que a ambos les hacía especiales, inconfundibles, y lo que hacía que se amaran. Tenían todas las perfecciones en su idea mantenida en otro mundo, tenían la perfección de la inmortalidad, de la belleza y del bien, solo por soñar con algo diferente que no fuera material ni físico. Solo con aquella sonrisa sabían que se tenían el uno al otro, porque solo por aquella sonrisa, daba igual que todo fuera real o imaginado, porque cada uno amaba por los dos en todo momento, porque daba igual que fueran jóvenes, porque se iban a querer toda la vida, sin ni si quiera saber sus nombres.

miércoles, 7 de abril de 2010

El sueño del vendedor de cristal

Nunca vamos a cambiar, pase el tiempo que pase, cómo siempre lo esencial permanecerá en el caos, estable.
Y yo me pienso vengar y seguiré soñando contigo, y soy tu gran decepción, pero nunca te dejaré de pensar.
Aunque tenga resaca y no pueda gritar, si no estuvieras aquí, gritaría tu nombre con mi empalagosa y rota voz de niña echada a perder.
Pero es que solo en mis sueños vivo lo que me gustaría que fuese real, ¿crees que amo mi forma de vivir? ¿Qué no daría una vida por cambiar? Pero no la mía, porque un día de vodka y ron la aposté, y una mañana de resaca la perdí y por mi culpa todo seguirá igual. Siempre a partir de las diez, anegada en maquillaje, con ese ruido detestable que zumba en un tono demasiado alto, que alguien osó llamar canción.
No me disgusta, soy sincera, es rutina y lo acepté, me asusta pensar que un día lo quiera, cuando sólo tengo esta vida y no es mi sueño, y ya no es mía, me da miedo.
Así que solo me quedas tú, solo me queda él, cada uno en su lugar, me apoyo en vosotros para seguir y no se como sería tener más.
Con esto me basta para imaginar.
Me quedan sueños por cumplir, mil historias por contar, dos arrugas de reír, nuestras miradas al cruzarse y es suficiente para mí.

Niño listo

Eres ese tipo mezquino, rico y vanidoso que se pavonea por el antiguo, aleteando rock del viejo, al son de las notas de Gallagher, esa guitarra que no suena ya más que en tu cerebro.
Cantas torpes canciones en antros, te enfundadas en camisas, en gomina, en viajes inventados.
Y en realidad no buscas más que presas de Rosal, que carne de Tribeca, pobres perdidas que esperas con paciencia para que caigan en tus redes; pelo largo, maquillaje espeso y ese uniforme corto de escote amplio, grandes tacones, presta la sonrisa.
Eres tan simple como tus adquisiciones, tan insulso como tu forma desdeñosa de lanzar sonrisas ebrias.
No me vas a conquistar con tu acento de Manchester forzado, porque no quieres conquistarme (no te inquietes, lo querrás) de todas formas no podrías atraparme, de otros no pero de ti estoy a la altura y, aunque todavía no lo sabes, para ti soy demasiado.