sábado, 12 de diciembre de 2009

Carta a Silvia

Antes de que cualquier tema trascendental nos ocupe debo decirte una cosa:
¡Feliz cumpleaños!
Si todo está en orden, ya tendrás dieciocho años; si salió como planeé, tendrás una familia que te ama y estarás muy, muy lejos de todo esto.
Hay tantas cosas que no pude explicarte… quizá solamente porque quería pretender que era mayor de lo que soy, más fuerte, más seguro. Pero ya no hay forma de engañarte, pequeña, porque tengo tu edad en este momento y se que eso ya habrá sido bastante para que lo comprendas todo. Supongo que se que sensación te está recorriendo ahora mismo, como un chorro de agua muy fría que baja por tu espalda produciendo un terrible escalofrío.
Ahora ya sabes que todo lo que hice no era fruto de ningún plan, que carecía de toda experiencia. Como estás tu ahora, yo estuve hace un año, en mi casa, con una familia que creí que me amaba y protegido de todo lo que pudiese herirme. Lo tenía todo y de pronto, ese todo me arrojó a la realidad, a nuestra horrible e infernal realidad. Y yo simplemente me dejé llevar por lo que creí correcto porque sabía que era la única forma de no volverme loco. Descubrí de golpe que todo había sido mentira, que siempre había vivido en el infierno y que yo era el mismísimo demonio. Mi padre no era el hombre bueno, honesto, justo y franco que yo había creído, en él que me había inspirado, era un verdugo sin alma que disfrutaba matando de las formas más horribles jamás imaginadas. Mi madre le seguía con absoluta veneración y eso mismo era lo que inculcaba a mi hermano pequeño. Ya no podía quererles y todas las razones por las que había acabado en este lugar infrahumano ya no tenían sentido ni cabida, ya no había pilares que las sostuviesen y el mundo se me venía encima, lo único que me quedaba era ella y por mi propio egoísmo y mi ceguera desmedida la había apartado de mí para siempre, la única persona que me había sabido querer tal cual era.
Me encontré en una encrucijada: uno de los caminos me llevaría a una muerte segura pero al menos me otorgaría la tranquilidad de espíritu de haber sido sincero conmigo mismo, con el alma en paz por no haber cometido ninguno de aquello crímenes, sabría que no podría salvar a nadie así, al menos a casi nadie, pero era una forma de salir de allí, sólo que con los pies por delante como suele decirse. El otro camino consistía en huir, en fingir cualquier enfermedad, lo que fuera y volver a casa, disculparme ante ella, y marcharnos los dos muy lejos.
Tenía la sensación de que solo había dos caminos, pero yo no fui capaz de tomar ninguno y ya sabes por qué. Ponte en mi lugar, ¿habrías optado por morir por una idea? Es maravilloso pensar que sí sin dudarlo, pero te suplico por un instante, que dudes. Exacto. No lo habrías hecho, la vida es tan maravillosa, tan increíble y la muerte es tan oscura, fría y solitaria que me asustaba demasiado tomar esa opción. Y la otra vía… ¿cómo habría sido capaz de vivir sabiendo lo que quedaba tras de mí? ¿Cómo sabiendo lo que ocurría? Me quedé sentado en aquella encrucijada temblando de miedo. Y entonces a pareciste tú y la encrucijada se transformó en un camino único que siempre había estado allí y que yo había sido incapaz de ver. El único camino posible en realidad, que mi pánico a este lugar había hecho invisible a mis ojos. La única opción real era quedarme, haciendo lo que mejor sabía hacer, fingir. Era el único modo de salvar todas las vidas posibles, de tener el alma en calma y de vivir con la conciencia lo más tranquila posible. Y todo fue gracias a ti, tenerte conmigo me dio una motivo para seguir vivo y adelante, para hacer lo que debía hacer sin que me temblaran las manos, para salvar a todos los que pudiera arriesgando lo suficiente pero nunca demasiado, me hizo sentir útil y necesario y sobre todo, me hizo sentir mejor persona. Gracias a ti, y sin darme cuenta, me convertí en un hombre, en un buen hombre. Y cuando llegó el momento de la verdad, cuando volví a encontrarme en una encrucijada, tú me volviste a enseñar el único camino posible, por el que me dirijo ahora con pasos firmes y sin mirar atrás. No te lo puedo negar, tengo miedo, sabes que tengo miedo y decir que no sería una bonita mentira pero en estos momentos ya no quiero mentir más, me asusta lo que va a pasarme pero estoy feliz a un mismo tiempo porque se que podré vivir a través de ti, y de ella.
No quiero que sientas lo que yo sentí ni que intentes ponerte en mi lugar, ni que te sientas culpable por nada, jamás fui eso lo que pretendí. Desde aquella noche, mi objetivo fue tu felicidad, que no vieras el infierno en el que estábamos sumidos los dos. Aun ahora, lo que pretendo es que seas feliz y quiero hablar contigo y, si soy sincero, quiero hacerlo porque así me siento un poco menos solo en este instante. No tengo mucho tiempo más así que seré conciso: Vive.
Vive tu vida como tu quieras vivirla, eres joven pero capaz de todo a pesar de ello y ya puedes tomar la decisiones que creas correctas porque, te voy a contar un secreto, no hay decisiones incorrectas, no existen. Nunca habrá un camino equivocado y jamás perderás un tren que no vuelva a pasar, la vida conspira en tu favor así que deja que lo haga. Simplemente déjate llevar por esos impulsos tan alocados que te embargan porque así es como vivirás realmente y no dejes que nadie marque tus pasos, ni si quiera que lo haga yo o que lo haga tu madre, si me permites llamarla así. Nadie, solo tú, haz tu camino pero nunca olvides que cuando creas caer, siempre estaremos ella y yo y todos los que te amen para recordarte que siempre has estado de pie.
Jamás te sientas sola, porque voy a estar contigo toda tu vida y no tengas miedo a nada ni a nadie ni dejes que te hagan daño. No importa que ya no esté, te protegeré siempre.
Y ya se me acaba el tiempo, van a entrar de un momento a otro, oigo sus pasos.
Es el momento del adiós, Silvia, creo que ahora ya lo entiendes todo, solo me queda algo por decirte, que no se te debe olvidar nunca. Te quiero, te quiero muchísimo, muchísimo más de lo que puedas imaginar. Gracias por quererme.
Volveremos a vernos, pero prométeme algo, que me vas a hacer esperar mucho tiempo y que no querrás nunca que llegue el momento, eso significará que todo lo que hice, estuvo bien hecho.
Hasta siempre mi amada Silvia.
Tu padre, Alphonse.

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