Vamos a empezar con una canción, y a ver que sale
“No he conocido a ninguno para el que estar conmigo sea una fortuna”.
Y vamos a buscar una excusa para hablar. Cualquiera me basta, sólo quiero interpretar sin hacerlo en realidad y perderme en la magia tenue que son tus palabras al danzar, al colarse en mis oídos como el viento dulce del mar. Ya no puedo aguantar más mirando tu nombre, concentrada, pretendiendo que sientas esos ojos que se clavan en casi todos tus movimientos. Sólo quiero encontrar, esa excusa para hablar y que el resto salga solo. Quiero creer ver que sientes algo diferente a lo que pienso, que simplemente sientes algo, que tus ojos me buscan en algún momento fugaz, quiero permitirme el lujo de pensar que me ves en las canciones como yo te pienso en cada nota. Sería extraño, un poco raro, después de tanto tiempo, pero sería tan mágico… Esperar con ansiedad cada respuesta, con una sonrisa desquiciada, olvidándome de todo, especialmente de mí. Dejando la realidad a un lado, pensando que esta vez, puede que si. Quiero ver la belleza que puedas apreciar a través de tus ojos, y creer que es cierto también. Que todo me de igual, que pueda ser quien quiera ser, con el equilibrio perfecto de la plenitud absoluta. Sería algo maravilloso, sería algo indescriptible, esperar con paciencia cada hora, para robarte un beso a la vista del mundo. Sonreír sin motivo alguno, sólo sabiendo lo que sólo ambos sabremos. Notar tus ojos en mi pelo, en un momento de distracción, siendo asumido por todos, que tú eres yo.
E ir juntos por la calle, cogiéndonos de la mano, con mil fotos que ver de ambos, con mil cosas que contarnos.
Por eso quiero encontrar, cualquier excusa para hablar, no quiero perderme todo lo que nos pueda ocurrir. Pero aun así tengo miedo de que solo yo quiera buscar esa excusa para hablar y de que, cuando al fin la encuentre, porque tarde o temprano la voy a encontrar, al hablarte que no quieras responder y por pura cortesía de tu corazón impecable, me respondas escuetamente pretendiendo que entienda que no deseas hablarme. No por nada en especial, simplemente ser yo… ser yo incapaz de despertar, como viene siendo habitual, cualquier tipo de sentimiento por asomo especial. Probablemente sea lo que ocurra, probablemente por eso siempre atesoraré mi excusa buscando el momento ideal, pero no llegará nunca porque el pánico me atenaza. Tú nunca lo vas a entender, como duele comprobar, muy poco a poco, que no es ni mucho menos amor, pero que tampoco es odio; es simple indeferencia y tal vez algo de cruel, cruel compasión, tan cruel…
Hace tanto daño comprender que tan solo se hacer el ridículo, una y otra, y otra vez; que no es real, que es solo imaginar, cosas que nunca van a ocurrir, por mucho que las deseé; que se quedarán en los libros que un día escribí y que ahora están en blanco porque se me ocurrió pensar que tal vez yo también tuviera derecho a vivir. Pero hay determinadas cosas que son privilegio de pocos, fue demasiado por mi parte pretender que estaba entre ellos.
Supongo que ahora entiendes un poco mejor que jamás me atreva a hablarte, no se que creerás sobre mí, pero te voy a decir la verdad, no soy guapa ni lista, ni ingeniosa ni impactante. No soy cualquier cosa que pudieras creer, no soy bastante. A mi no me dedican canciones, ni sentimientos, ni amor. Así que, ya sabes, no volveremos a hablar, aun cuando tenga mil excusas para empezar, aun cuando me distraiga con ilusión pensando en alguna canción. No hay pelota en mi tejado que te pueda devolver, la azotea siempre estuvo vacía, lo compruebo a menudo, cuando subo allí a buscar voluntad para lanzarme por fin al vacío.
Supongo que se acabó, algo que jamás empezó, supongo que como todo, es ridículo de pensar pero, aun así, no puedo evitar esperar, tal vez sentarme, a ver si es por casualidad verdad que tú estás igual que yo, buscando la mejor excusa para hablarme.
Y como empezamos, acabemos con una canción, recuerda, yo digo: “Vale” si tú aún dices: “Venga”.
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