Corre, escapa no mires atrás, la vida te persigue sigue corriendo o te alcanzará, no mires no quieres ver lo hermosa que podría llegar a ser, es su cebo, es tu perdición, sus dientes, demasiado afilados, no te dejarán, no saldrás con vida.
Escóndete, aquella esquina podría estar bien. Aun te busca, recupera el aliento y ponte a pensar. No quieres que te encuentre, no quieres volver, es tan bonito vivir sin la
vida. Quizás bonito no sea la palabra, tal vez sea simplemente apacible, es como ser una estatua, es como ver sin ver, sin querer.
Así que no quieras que te encuentre, no merece la pena, sólo recuerda que ocurrió la última vez que ella clavó sus dientes. ¿Cómo fue?
Al principio, como todo, pensaste que era perfecto, que no lo querrías cambiar, tenías todo cuanto eras capaz de desear. Recuerda que estudiabas, nunca demasiado, pero siempre lo suficientes, recuerdas la emoción antes de los exámenes y el alivio al ver una nota aprobada, ¿recuerdas lo que decías, siempre entre sonrisas, de los que sacaban mejores notas que tu, algo que por otra parte no era difícil? << No pasa nada, nosotros tenemos vida social>> Y ahora recuerda, ¿por qué decías nosotros? Así, porque había un “nosotros”, no estabas sola, había gente a tu alrededor de la que estabas muy segura, solías pensar en ellos como amigos. Que osado por tu parte. ¿Recuerdas el momento en el que pensaste que aquella gente se interesaba por ti? Ese fue el principio del fin, de la decadencia que te llevó a escapar.
Contén esas lágrimas por favor, la vida te encontrará si oye sollozos.
Y tú confiaste en ellos, te apoyaste en ese amor envenenado de unas personas que tarde o temprano te iban a fallar, era inevitable y lo peor es que tu ya lo sabías pero te permitiste el lujo, siempre demasiado caro, de pensar que tal vez no te fallarían. Gran error por tu parte, uno más de tantos.
Al final sólo te limitaste a caer con el extraño consuelo de no conocer el amor, si no tal vez la caída habría sido más rápida y el golpe más fuerte. Aunque ahora te percatas de que tal vez habrías preferido una caída rápida y un golpe seco, antes que este lento perecer. ¿Cómo fue el final? Pasaste de creerte su amiga a darte cuenta de que no eras más que un triste monigote. Ríes sus gracias, les cuentas tu insulsa vida y ellos te dedican sus insulsas respuestas, pones buena cara a sus insultos para que no se enfaden contigo porque después de todo cualquier cosa es mejor que estar sola, les das consejos bienintencionados a las pocas cosas que sin querer te dicen acerca de sus vidas, sales con ellos y soportas estoicamente el hecho innegable de que no te aprecian en lo más mínimo, que preferirían no haberte conocido, que te mientan con tal de no hablar contigo.
Eso es lo que pasará como la vida vuelva a morderte, te lo aseguro no quieres que pase. Así que escóndete, bebe, fuma, vuelve sola a casa de madrugada, cruza los semáforos sin mirar si están en rojo o en verde, quizá todo termine antes de ese modo, quizá sea lo mejor.
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