Ahogando sentimientos en el humo de la absenta, que sobrevuela estos cielos, volviéndose niebla densa, que esconde tras sus vapores un alma rota y añeja, de maquillaje cuarteado y vidas demasiado ajenas
Si siempre me pensé al margen ahora se que estoy inmersa, en una realidad empañada por el humo de la absenta. Sin recuerdos sin pasados, con espejos objetivos, con flashes descoloridos, con amores de un instante, que mueren al verte, palideciendo por tu arte. Si existieras este mundo sería un poco menos malo, sería algo menos humano, digno de imaginar.
Te puse rostro demasiado pronto, un cuerpo, unos ojos, manos. Te puse voz y esa sonrisa de muchacho atolondrado. Tan cerca que te tocaba, tan real que era imposible, y yo que soy tan humana, hice lo que hago siempre, escapar de lo bueno que pueda ocurrirme porque lo mediocre es lo común que a mi, como al resto, nos ocurre.
Y ahora ya no se que hacer, aparte de quitarte el rostro y, como siempre, hacerte renacer. No se como encauzar el canal de esta vida que siempre estuvo estrictamente encarrilada. No se que hacer ahora, si cumplir sueños extraños si educar una voz mansa, si aguardar sentada, a ver tu cadáver pasar, o quizás el mío, algo podrido de esperar. Si hacer alguna estupidez, aunque sea lo que cabe esperar. O si olvidarme de todo y cantar, y escribir y reír, y beber y fumar. Y cumplir estos sueños locos, de muchacha atolondrada, que algún día podrán hacerme olvidar, tu sonrisa y tus favores, tu luz y aquellos amores de instantes eternos y perdidos, de miradas de sonrisas, de todo lo que soñé que pensaba que era bastante. Ahora que no fue posible, que tal vez nunca lo sea, no me parece suficiente, yo quiero tener la capacidad de perderme en mis sueños y que no me olviden, quiero enseñaros a todos lo maravilloso que es mi mundo aunque no existe. No se que quiero, sinceramente, no se si alguna vez lo percibiste. Pero se que no quiero vivir viendo mis sueños pasar, con carteras, aparatos de última generación, trajes monocromáticos, cogiendo trenes de alta velocidad. Quiero que mis sueños viajen en tranvía, que si corro lo bastante, los sea capaz de alcanzar. Así que haré lo que pueda, intentando caer lo estrictamente necesario, lo que sea para olvidarte. Fuiste un sueño demasiado rápido, que atropelló a una niña demasiado lenta, ahora malherida me levanto, y te grito: << ¡Maldito crío atolondrado! ¿Qué quieres de mí? ¡Ten el valor para decirlo o lárgate de una vez de aquí! >>
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