lunes, 26 de julio de 2010

Y volvía cambiar, como siempre, tan cambiante y tan voluble como las nubes en un día de Nordeste.
Y volvía a destruir lo que quedaba de lo que había sido porque, nuevamente, no había servido de nada.
Tenía que empezar desde los cimientos, pero eso era algo que siempre se le había dado bien, reconstruir una vida devastada por la decepción y el arrepentimiento. Sin la voluntad para afrontar el pasado, incapaz de volver la vista al frente y dejar de mirar constantemene hacia atrás.
Atesoraba todas sus esperanzas en la nueva imagen que iba a moldear a partir de la deformidad que había dejado el fuego tras de sí, como si rellenase de veneno la vida que aun estaba por llegar.
Pero esa era la conclusión de todo lo que había sido, de todas las veces que había sido destruida para volver a construirse. Ella sólo era como un charco de veneno, poco profundo y absolutamente tóxico, que pasara lo que pasara y por muchas esperanzas que pusiera en ello, y por muchas veces que volviese a recomponer los destrozos; ese veneno siempre iba a arruinar sus planes, a desolar y a pervertir todo cuanto ella deseaba.

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