Hay veces en que no te esperas que las cosas cambien, pero al final cambian, de hecho, siempre están cambiando, en este mismo instante puede que este sucediendo algo que vaya a trastocar tu vida para siempre, puede que este naciendo el amor de tu vida, puede que esté muriendo, puede que un meteorito gigantesco se dirija hacia la Tierra o puede que un cáncer esté a punto de acabar contigo, o tal vez tu cabeza ya no quiera seguir sola o tal vez tu corazón ya no soporte vivir más como tu quieres que viva.
Pasan demasiadas cosas que escapan a nuestro control, pero el caso es que pasan.
Y no podía evitar pensar en lo mucho que cambian las cosas mientras se dirigía a la ciudad con el paso tranquilo de quien no sabe cuando va a volver o si va a volver algún día, como si necesitase retener cada imagen dentro de su cabeza por si acaso las cosas cambiaban de nuevo. En realidad, la sensación era la misma que se tiene cuando uno se enamora, justo al principio, cuando intentas retener cada momento por si no vuelve a repetirse, por si es el último momento; tal vez entonces estuviera enamorada del mundo y por eso quería recordarlo. Era difícil no enamorarse del mundo, estaba tan desvalido y tan roto que tan solo por pena ya se sentía un cariño especial por él y por todo su contenido, la necesidad de salvarlo aunque solo fuera por volver a creer en los héroes y no por el mundo en sí mismo.
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