Y jugar otra vez,
para salir siempre perdiendo
y sentirse bien,
para al final seguir huyendo.
Y si acaba así,
empezándolo de nuevo,
al menos sabrá por fin
seguir las reglas del juego;
aun para volver a caer.
Si la vida es feliz a su manera.
Al final todo acaba saliendo bien,
cuando suplica porque todo salga mal,
y vuelve el mundo a su rincón,
y vuelve todo a girar.
Cada momento,
es el único momento;
cada palabra,
verdad y mentira al mismo tiempo.
Terminará,
perdiendo por creer más del instante
y esperando, estúpida, a su alcance.
Pero terminará de todas formas
y no habrá culpas que arrojar,
porque siempre fue la secundaria
de su escena principal,
infiltrada entre sus focos,
fingiendo lo que nunca fue,
porque no tiene talento
ni frivolidad que ofrecer,
bajo su piel está su piel,
bajo su alma un desierto
y bajo sus dedos palabras
que quieren reconfortar,
para que quien ama vuelva a casa
cuando se canse de andar,
que encuentre la chimenea encendida,
la mecedora en su hogar;
mientras ella vagabundea,
por esas vírgenes carreteras
que nadie quiere pisar,
porque solo el que las pisas sabe,
que no llevan al hogar,
solo a seguir vagando
y vagando sin cesar.
No hay descanso en el camino,
le duelen los pies y el corazón,
y aun así camina serena,
sonriendo sin cesar,
silbando cualquier melodía
preguntándose, distraída:
¿Cómo será la felicidad?
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