miércoles, 31 de agosto de 2011

Descanso

Como estar soñando despierto, imaginando otra ropa, quizá la misma ciudad pero con esa consistencia onírica tan dulce que sólo se haya dormido o tal vez drogado; con un cuerpo un poco más pulido, la cara más fina y el pelo más suave. Todos los días hacía sol, incluso los días de lluvia, pero no un sol cualquiera, era un sol dorado, como el otoño, un sol perfecto que daba una luz y un aroma perfectos. No existían las televisiones ni las revistas y tampoco había forma alguna de retocar las fotos, solo existían las super 8 y las polaroid como mucho; porque en esa vida no hacía falta ninguna imagen, porque nada era major que los días largos y reales que se sucedían sin cesar. Y un cruce en un pasillo decía más que una simple mirada, y no había nadie capaz de superarle. Y todo era suficiente para superar al miedo. Si, a veces disfrutaba de soñar un mundo así, pero despierto. Porque si no, si se dedicaba a soñar dormido como el resto, lo único que le quedaría por hacer en las mañanas sería ver que nada era cierto, que el mundo era mucho peor, que había miedo, que había venganza, engaños y rencor por todas partes, que no había ropa suficiente para conjuntar tanto desastre, que las teclas seguían sonando al son de las desgracias y no había forma alguna de ser mejor, nunca habría forma de llegar a nada.

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