Habían sido unos años caóticos, había tenido que sobrevivir y finalmente lo había conseguido, pero en el transcurso de esos años tenía la sensación de haber perdido algo importante, tal vez a sí misma. Miraba a su alrededor, a aquellas personas que había llegado a conocer y se daba cuenta de que cuanto más se introducía en su mundo, más silencioso era. No para ellos, que seguían entusiasmados con todo lo que habían construido y cuanto les quedaba por construir; sino para ella misma. Cada vez eran más los momentos de silenciosa tristeza, ya no podía seguirles allá donde quiera que fuesen. No era la vida que quería, aunque era cierto que no sabía muy bien lo que quería o quizás no se atrevía a desearlo. No era eso, no podía seguir viviendo con miedo a perder algo que realmente no tenía, no era capaz de confiar y no confiar al mismo tiempo. Necesitaba eso, necesitaba más tiempo.
El ritmo frenético de una vida llena de aventuras había hecho que su alma se volviera un ser agotado y temeroso. Necesitaba descansar en la comodidad de un hogar, encontrar un sitio al que poder llamar "hogar" y simplemente cerrar la puerta, respirar, que cuanto la rodeara fuese suyo y estuviera bajo control. Pero allí nada era suyo y desde luego había demasiadas cosas que escapaban a su mente diluida entre tanta luz.
Ya no quería vigilar y vigilar por siempre, ya no podía soportarlo más.
Lo que quedaba por hacer no era sencillo, ya lo había hecho otras veces y desde luego no era una salida fácil pero si era una salida necesaria. Después de todo, dudaba que se dieran cuenta de su ausencia hasta que fuera demasiado tarde y aun entonces estaba casi segura de que ni si quiera a él le importaría.
Otra vez sola, y otra vez en la carretera, pero al menos era una soledad que podía manejar, era algo seguro e invariable que jamás le haría tanto daño como podrían hacerle si permanecía allí por más tiempo.
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