lunes, 30 de noviembre de 2009

Pequeño bohemio

Nunca lo había imaginado, que llegaría un momento en el que fuera tan feliz. Nunca me había sentido así, pero si, ahora si. No sé a quien estresar, a quien llenar de mis palabras, porque no se como expresar, aún más, que te quiero más de lo que nunca quise a nadie, de un modo tan distinto.
Tú me llenas, chico, y no sé como decirlo.
Creo que te ven algo raro, algo extraño, algo distinto, mi modo exacto de rareza, el límite perfecto para mí.
Dicen que no eres guapo, y yo pienso, ¿cómo pueden decir eso? Tendrían que verte con mis ojos, chico, no volverían a ver a nadie más.
Dicen mucho de ti, pero quien más habla de ti son tus ojos al mirarme, y tus labios al hablar, al dibujar esa sonrisa tan perfecta, de muchacho atolondrado, que siempre permanece escondida en las comisuras de tus labios, de donde yo te la robo con un beso certero y dulce.
Y te ríes y me devuelves el beso, pero esta vez un poco más centrado. Y pienso, ¿cómo fui capaz de sobrevivir sin ti? ¿Sin tu recuerdo?
Impregnas cada parte de mi vida sin remedio, se que te quiero.
Se que te quiero, te quiero ver esperándome en la parada un sábado por la tarde, ver como tu sonrisa se ensancha según va decreciendo el numero de pasos que nos separan, un beso en la cara, sin hablar, y que hagas el esfuerzo de sacar una mano del bolsillo de los vaqueros, para sujetarme por los dedos.
Me gusta que estemos con gente, sin mirarnos, sin hablarnos, sin vernos; pero gravitando sin remedio, uno en torno al otro. Me basta tu presencia, porque te conozco tan bien que se que estás aunque no te vea, conozco cada nota de tu olor de una forma tan perfecta que se que estás justo a mi espalda, un poco ladeado, un poco divertido, hablando de cualquier cosa, con cualquiera de tus amigos.
Que entonces pase cualquier otra, atrapando vuestras miradas, y oír tu voz sobre los otros gritando que vaya guapa; llamas mi atención, me giro, y me encuentro con un beso, era lo que querías, traidor, robarme un beso que ya es tuyo porque así sabe mejor.
Y estar borracha contigo, los dos tirados en la calle, con un baso vacío en la mano, dando tragos en el aire, mientras cantamos al unísono esas canciones tan nuestras, que tu me dedicas al oído, para después, con voz de pito, interpretarla a tu estilo, tan tuyo y tan extraño, que me arranca carcajadas y que me hace besar cada verso, cada palabra.
Antes de que amanezca, ya de vuelta a casa, nos detenemos en cada portal a dialogar sin palabras, a que me ría tras tu boca, y a que planifiques el mundo con tus manos en mis caderas.
Contigo no me da vergüenza, chico, porque eres tu, eres yo, ya no lo distingo, se que te quiero y eso es ya mucha certeza. Me despides en el taxi, pienso que querría quedarme, que ojala hubiera alguna forma de mentir y volver por la mañana, con la ropa arrugada de ayer. Porque se que es contigo y solo contigo con quiero reírme sin ropa.
Cada vez me pregunto mas a menudo como hice para vivir sin ti tanto tiempo, como pude verme fea alguna vez si tú me ves guapa, como puedo tener tanta suerte que te tengo. Soy tan consciente de que no puedes vivir sin mí, que me da miedo, porque pienso, ¿y si no es cierto? Pero es inconcebible, noto que me amas desde lejos, y tu notas mis miradas, lo se, aunque no te veo, notas como mi mente te roza con la yema de los dedos, y mis sonrisas que se clavan en tus ojos, manteniendo la curva sempiterna de tus labios, que siempre me enamora.
Ahora que te tengo, ya no me importa que sea lunes, ya no odio el tiempo que me roba el sueño, prefiero estar despierta, lo prefiero, porque pensar en ti, se que no es tiempo perdido. Sabiéndote mío, las horas pasan mucho más rápido, la alegría se derrama como el agua de un vaso lleno, impregnando a todo lo que me rodea de esa felicidad infantil que creía que no tenía. Y cuando llegan de nuevo las tres y bajo las escaleras, me detengo un instante a observarte, apoyado en la barandilla. Tú miras, despreocupado, al mundo que transcurre calle abajo, jugando con un caramelo de manzana entre los labios, sin ser consciente de las miradas que anidan en ti, preguntándose que haces tan solo allí. Y me muero de amor al verte, sin ti la vida no tendría sentido, sin esa despreocupación dulce y sin esa tranquilidad pausada. Te cojo de la mano, me besas y suspiro, mi pequeño bohemio, porque quiero que la vida se detenga para siempre en este momento.
Tardé tanto en encontrarte… No se cuantas veces lo he dicho ya, solo se que son menos de las veces que lo pienso pero… ¿cómo fui capaz de vivir hasta ahora sin ti?
Chico, te lo vuelvo a repetir, eres perfecto… salvo por una excepción, te falta una cosa, un pequeño matiz, que a todas horas me hace llorar. Que tú no existes, chico, y que sé que nunca existirás. Así que suspiro de nuevo, viendo através de tu imagen de humo, estrecho tus dedos inconsistentes, le devuelvo un beso al aire y camino con mi soledad, divagando por esos recuerdos nunca vividos, que fui creando con el tiempo y con los sueños. Pero se agota, como todo, y no se como sobreviviré sin ellos.

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