lunes, 16 de agosto de 2010

A ti.

Y las cosas cambiaron, porque siempre cambian, porque en el cambio, inevitable y perpetuo, es en donde reside la auténtica belleza.
Tenía que pasar y yo lo sabía y aun así, aun así… ¿Por qué no? ¿Qué más da? Mereció la pena, volvería a hacerlo, y seguiría cambiando.
No termina bien para mí. Si alguien pierde se que no serás tú, tú que lo tienes todo sin saberlo, que caminas de puntillas por un mundo que es tuyo aun inconsciente de ello.
Se lo que va a pasar, nuestro caminos son una cuesta hacia abajo y yo puedo ver el final, el choque mortal.
Tú que parece que sueñas sin cesar, ¿qué harás cuando lo consigas? ¿Qué pasará cuando no haya nada que soñar? Me odiarás, ¿podré soportarlo?
No hay nada detrás de mí, sólo estoy yo, no merece la pena que llegues, la sombra que ves no existe, sólo existo yo, no merece la pena, date la vuelta y sigue caminando, no tomes mi camino porque es tan solo decepción, mil máscaras tras las que no hay nada más que diferentes gestos y un mismo “yo”.
No soy lo que esperas, no soy lo que quieres, mil defectos que no podrás amar, tan solo soy mediocre, sin canciones, sin música que dedicar… así que, ¿por qué no te dedicas a soñar? Y Soñémonos el uno al otro desde lejos, porque mientras haya sueño, seguiremos vivos.
No quieres cumplirme, porque ya te he entregado todo lo que tengo, y todo lo que tengo es la imagen que ves en tu cabeza de un ser que en su imperfección, te resulta perfecto. Es lo que tenía que darte y ya no queda más, puedes coger mis manos y arriesgarte a una eterna decepción o tomar mi pequeño regalo y guardarlo para siempre, sin tenerme y aun mismo tiempo, teniéndome. Eterna en tu mente, tal y como crees que soy, pero sin tocarme, sin mirarte, nunca siendo juntos, solo tú y yo, caminando desde lejos sin ser nunca realmente.

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