jueves, 13 de enero de 2011

Lucía (capítulo I)

—¿Os acordáis de aquella chica?
—¿De quien?
—¡Lucía! ¡La que se prendió fuego a los pantalones encendiendo la chimenea!
—¡Ostia si! Lucía, vaya personaje… ¿Qué fue de ella? ¿Dónde está ahora?
—Que me aspen si lo se, que me aspen si alguien lo sabe.
—¿No hay noticia alguna de ella?
—Nada en absoluto, se que conoció a un chico, estaban muy enamorados, ella por lo menos lo parecía pero con Lucía era imposible saber estas cosas, podía haber sido un simple capricho. Lo que si es seguro es que estaba muy ilusionada, pero él… bueno, a él no llegué a conocerlo, dudo hasta que Lucía lo conociera realmente.
—¿Y que pasó? Era tan rara…
—Pues eso pasó, que ella era rara, desconfiaba y se sumía en si misma, como hacía con todos nosotros.
—Era una acojonada de la vida.
—Exacto, incapaz de creer una sola palabra, así era ella, se entregaba por completo pero después cuando volvía a casa se consumía preguntándose que vería él en ella, por qué iba a quererla teniendo otras opciones, una vida hecha… además eso, habría tenido que esperarla dos años al menos y dudaba que pudieran llegar a quererla lo suficiente como para paralizar una vida durante dos años.
—¿Nunca le contó nada de esto? ¿Ni si quiera le preguntó por qué la quería?
—Creo que algo hubo, pero no debió de quedar muy conforme con la respuesta o ni si quiera llegó a tragársela, además os estoy diciendo que el tipo la traía loca, no se habría arriesgado a perderle saturándolo con sus pensamientos, ya sabéis como era.
—No entiendo como alguien que usaba tanto la cabeza como Lucía pudiese menospreciar tanto sus propias ideas, sus pensamientos…
—¡Sus sentimientos querrás decir! Como si no tuviera personalidad… ¡Ella! Por el amor de Dios…
—Si, bueno, ¿y que coño pasó con ellos?

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