lunes, 31 de enero de 2011

Un mes

Se quedó pensando, mientras fumaba un cigarro con calma, que ya no le quedaba nada, al menos nada que fuera a durar lo suficiente como para considerarlo en aquellas circunstancias. Apenas un mes no era bastante, en conclusión, en apenas un mes recorrería las calles (con un poco de suerte, de esa que no solía tener, fumando un cigarro parecido al de entonces) sin ánimo de volver a casa, porque no habría casa a la que volver.
En apenas un mes puede que todas esas personas a las que se aferraba tan denodadamente ya se hubieran escurrido entre sus dedos, sólo sería un curioso recuerdo en sus mentes, ocupadas y trepidantes. De los que había conocido siempre tampoco iba a quedar mucho, después de todo, eran habitantes de las madrugadas del sábado a las que pronto dejaría de tener acceso. Si, a ellos tampoco les quedaría más que un vago recuerdo entre nubes de alcohol y de incienso barato. Nada que decir del resto, que tan sólo eran restantes en su vida. Ese era el problema de la gente como ella, exigente pero sin suerte y desgracia para exigir. Sólo la gente que le interesaba, cómo si alguna vez hubiera tenido opción de decidir con quien y no juntar su camino. Debería haberse arrimado a todo el mundo con esa sonrisa resplandeciente, con esas ganas de agradar y esa música constante resonando a través de sus costillas, un corazón al ritmo de Slim Gaillard y John Lydon en armonía perfecta.
Pero optó por hacerlo a su manera, a su extraña y dulce manera, por ver sus películas de los años 30, por escuchar su música desconcertante, por vestir su ropa estrafalaria, por juntarse a quien de un modo u otro llamaba su curiosa atención.
Y ahora ese era el resultado, pronto no iba a quedar nada, pronto todo habría sido inútil y tendría que empezar desde cero de un modo casi literal. Todo tirado a la basura sin opción de reciclaje. Sin embargo prefería fumar y fumar a llorar por algo que no tenía remedio. Todo se pierde, pensaba, nada ni nadie dura para siempre y las palabras tan sólo tienen valor para aquel que las escucha, y la sangre vale lo mismo que el vodka barato y el amor es tan sólo la ilusión de quien lo vive. Al menos, cuando ya no tenga nada tampoco tendré nada que perder.

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