Estaba desperdiciando su vida, la había estado desperdiciando durante casi veinte años y de tanto desperdiciar apenas si había quedado un desperdicio.
Siempre viviendo más allá de la propia vida, un paso por delante, soñando sin querer lo que quería y quedándose tan sólo en sueños. Tal vez por eso le costaba tanto confiar, porque no tenía la experiencia de ver ningún sueño cumplido. Soñar significaba romperlo todo y ahora se daba cuenta de que de ese modo, realmente, no tenía nada.
En ese mismo instante, preciso y concreto, no tenía absolutamente nada de lo que quería, si tuviera que morir en ese instante moriría como alguien incompleto y anodino, y terriblemente solo. Moriría como una promesa que jamás se vio cumplida, no tendría nada que la hiciese feliz ni algo por lo que hubiese merecido la pena vivir.
Había jodido su vida, se había equivocado en todo, la había cagado como nadie; era bastante ridículo lamentarse por algo que se había buscado pero, en fin, se lamentaba porque no quedaba más que eso, más que eso y remediar, en cierto modo, todos los fallos anteriores, intentar hacer del resto una vida que mereciese la pena ser vivida; dejar de tomar decisiones erróneas, dejar de preocuparse por nadie, dejarlo todo por un sueño o dos, ser su propio mundo.
Tan fácil de decir como difícil de pensar, los años duelen cuando todos restan en lugar de sumar. Un golpe de suerte es mucho pedir, la suerte se la busca uno pero ella jamás la encontraba.
Y mientras pasaban los minutos, seguía desperdiciando su vida, seguía perdiendo, seguía sin encontrar razones, seguía acumulando fallos, guardando envidia.
Cuando también le doliera la espalda, sabía de sobra que seguiría estando igual, dejaría de dolerle la espalda y habría tenido una vida de las que inspiran lástima al recordar.
Lo único que sacaba en claro de todo era que se trataba de algo tan complicado y profundo, o quizá tan simple y terrible que no sabía expresarlo. Quería su vida y la quería ya, porque viendo lo visto, se daba cuenta de que “ya” es lo único que se vive realmente, el resto puede que no llegue nunca, el resto no es nada, sólo existe el momento, y en ese momento lloraba.
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