—Lo sabía.
—Eso es porque era completamente predecible, ¿Qué razones podría tener para dejarlo?
—Tal vez que lo prometiste.
—Promesas, no soy capaz de verlo como una obligación, como algo real que me haga sentirme culpable si dejo de cumplirlo, no eran promesas eran… no lo se, eran tan solo palabras, no tenía motivos reales para dejarlo, y ahora lo que si tengo son motivos reales continuar.
—Me entristece.
—¡Oh, por favor! ¡Deja de mentirme! Lo hace todo el mundo pero, ¿tú? Tú no tienes que quedar bien, ni que fingir que te importo, tu estás aquí quieras o no, no puedes irte a ninguna otra parte, no puedes dejar de hablarme ni sentirte mal por ello, así que no me mientas, no ganas nada y yo pierdo más si cabe.
La observó, realmente entristecido, pero sin atreverse a decir nada más al respecto. Al final iba a ser cierto, al final iba a guardar todo cuanto era en un tibio y espeso frasco de formol porque, al final, era cierto que todo cuanto ella había sido acababa de morir. Y a pesar de todo, podía ver la angustia haciéndole un nudo en la garganta, como un residuo del vaciado emocional que acababa de hacer, podía ver las lágrimas y ese dolor pegajoso y húmedo. Aún podía verla tal cual era, tras ese ceño fruncido, como si se concentrarse en esconder lo que no había sido capaz de sacar, que era poco. Ella confiaba en que con el tiempo fuera desapareciendo absolutamente todo, todo el cariño que pudiese quedar, toda ilusión, todo aquello que había regalado sin reservas una vez, un regalo precioso que tiempo después habría encontrado tirado en alguna esquina, pervertido y roto, recubierto de alcohol y solo…
La entendía, en el fondo la entendía, le habían hecho daño. Siempre le salía mal todo cuanto se proponía, todo en cuanto ponía un mínimo atisbo de ilusión, porque su vida no era nada de lo que había esperado, como todo.
Tanta decepción, ya no era capaz de aguantar tanta decepción. Ya no era capaz de creer en nada, aun más, ya no era capaz de creer en nadie.
—Mira, no puedo decirte por que hago lo que hago, pero lo hago y seguiré haciéndolo y se acabó, voy a dejar de darlo todo, no voy a dar nada, porque ya no quiero tener nada que dar, ahora quiero que me den regalos a mi y no lo van a hacer, y lo sabes, sea como sea, acabé rodeándome de gente demasiado acostumbrada a recibir como para regalar algo a cambio, se entienden entre ellos y te aseguro que intento entenderles, pero tal vez sea demasiado frágil , tan frágil que me rompí. Y prefiero dejar el mundo así, no voy a esforzarme por recomponer los pedazos, porque si ya estoy rota ya no tendrán nada que romper.
—Te seguirá doliendo igual, ¿lo sabes? No puedes cambiar lo que eres.
—Quizá deje de doler algún día, pero voy a cambiar de todas formas, voy a ser tan solo ironía, fría y dura ironía, como la vida ha sido conmigo, voy a falsear la realidad como todo el mundo hizo conmigo y voy darles ese cariño de dos días que ellos pusieron a la altura de mi amor incondicional como si fueran iguales; voy a dejar de ser real y si quieren que vuelva, será tarde. Les di todo y ahora no me queda nada, no es justo, pero tampoco puedo cambiarlo. Que piensen lo que les de la gana, yo también lo voy a hacer, pero pensaré el doble, por una parte la verdad, por otra lo que diré si me preguntan. He terminado con todo, no si se arrepentirán, realmente lo dudo, pero soy humana, y tengo la esperanza egoísta de dolerles una mínima parte de lo que me duele a mi el mundo en este instante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario