miércoles, 7 de abril de 2010

El sueño del vendedor de cristal

Nunca vamos a cambiar, pase el tiempo que pase, cómo siempre lo esencial permanecerá en el caos, estable.
Y yo me pienso vengar y seguiré soñando contigo, y soy tu gran decepción, pero nunca te dejaré de pensar.
Aunque tenga resaca y no pueda gritar, si no estuvieras aquí, gritaría tu nombre con mi empalagosa y rota voz de niña echada a perder.
Pero es que solo en mis sueños vivo lo que me gustaría que fuese real, ¿crees que amo mi forma de vivir? ¿Qué no daría una vida por cambiar? Pero no la mía, porque un día de vodka y ron la aposté, y una mañana de resaca la perdí y por mi culpa todo seguirá igual. Siempre a partir de las diez, anegada en maquillaje, con ese ruido detestable que zumba en un tono demasiado alto, que alguien osó llamar canción.
No me disgusta, soy sincera, es rutina y lo acepté, me asusta pensar que un día lo quiera, cuando sólo tengo esta vida y no es mi sueño, y ya no es mía, me da miedo.
Así que solo me quedas tú, solo me queda él, cada uno en su lugar, me apoyo en vosotros para seguir y no se como sería tener más.
Con esto me basta para imaginar.
Me quedan sueños por cumplir, mil historias por contar, dos arrugas de reír, nuestras miradas al cruzarse y es suficiente para mí.

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