domingo, 27 de marzo de 2011
La verdad
Y, simplemente, ya nada era como antes, había sido una marcha lenta pero inexorable, como la de los tanques atravesando las brechas de una ciudad. Ahora se había convertido en algo irreversible. Había ido pasando de mano en mano como un cigarro entre adolescentes, ahora ya no pertenecía a ningún sitio. Los trenes, los autobuses e incluso los aviones parecían mucho más reales y cercanos, de un modo u otro su tiempo en aquella ciudad se agotada, y se agotaba mucho más rápido de lo que tenía previsto. Necesitaba empezar de otra manera, empezar en otro sitio y buscar algún lugar al que poder pertenecer por sí misma, puede que jamás lo encontrara pero no dejaría nunca de buscarlo. Ya había constatado con suficiente exactitud que por mucho que le pesara no, no pertenecía allí y ya no era tan ingenua o ya no se hacía la idiota con tanta facilidad como para construir algún extraño hilo entre esas personas y ella. Puede que lo hubiera habido hacia años, o hacía meses, o puede que entonces también hubiera sido producto de su imaginación. Bien, había perdido la capacidad de imaginar. La realidad era bastante dura, la realidad era bastante solitaria, la realidad era bastante dolorosa y sabía un poco a sal. Tal vez el problema era que no había nacido con suerte, tal vez nunca tendría suerte en su vida y fuera a donde fuese seguiría sin tenerla… Tal vez ella, en si misma, fuera un problema.
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